150 años de la primera llamada telefónica de la historia
El 10 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell realizó con éxito la primera transmisión de voz humana por teléfono
En plena Revolución Industrial del siglo XIX, cuando la electricidad empezaba a transformar el mundo, el científico e inventor Alexander Graham Bell tuvo una idea. En 1876 patentó el teléfono, un aparato capaz de convertir la voz en señales eléctricas para transmitirlas a distancia.
Solo tres días después de obtener la patente, el 10 de marzo de 1876, Bell realizó la primera llamada telefónica de la historia a su ayudante, Thomas Watson. Desde otra habitación, le dijo: “Señor Watson, haga el favor de venir, lo necesito”. Ese momento marcó el inicio de una nueva era en las comunicaciones.
Aunque el papel de Bell fue importante, la invención del teléfono ha estado siempre rodeada de polémica. El inventor italiano Antonio Meucci había desarrollado en la década de 1850 un aparato muy similar llamado teletrófono, con el que logró transmitir la voz mediante cables eléctricos para comunicarse entre habitaciones dentro de su propia casa.
En 1871, presentó un aviso para registrar su invento, pero el italiano tenía dificultades económicas y finalmente no pudo pagar las tasas necesarias para obtener la patente definitiva. Años más tarde, Bell se le adelantó y acabó registrando oficialmente el teléfono, lo que le dio el reconocimiento histórico como inventor.
De la centralita al ‘smartphone’
Desde su invención, la telefonía fue avanzando hasta convertirse en un servicio esencial. Durante gran parte del siglo XX, la sociedad dependía de lo que se conoce como centralitas telefónicas. Cuando alguien quería llamar, no marcaba un número como hoy: primero descolgaba el auricular y la señal llegaba a una operadora en una central telefónica.
La operadora, que casi siempre era una mujer, preguntaba a quién querías llamar y, frente a un panel lleno de clavijas y cables, conectaba manualmente una línea con otra. Aunque era un sistema lento en comparación con la comunicación actual, este modelo permitió la expansión del servicio telefónico a más hogares.
Con el tiempo, aparecieron los teléfonos fijos independientes. Ya no era necesario pasar por una centralita para cada llamada, sino que las personas podían marcar directamente el número desde el teléfono fijo que tenían en casa. Esto hizo que la comunicación fuera más rápida y accesible.
Pero la gran revolución llegó con el teléfono móvil, que permitió que la comunicación fuera posible sin cables. Al principio, estos aparatos eran muy grandes y pesados, algunos incluso había que transportarlos en un maletín, pero con el tiempo se fabricaron más pequeños, ligeros y accesibles.
El siguiente paso llegó en 1994, cuando se lanzó el primer teléfono inteligente de la historia. Los smartphones fueron un gran avance porque combinaban las funciones de un teléfono (llamar, mandar mensajes…) con capacidades propias de un ordenador (agenda, correo electrónico…).
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Para que hoy puedas tener un móvil táctil con redes sociales, han hecho falta muchos años de investigación y desarrollo tecnológico. Pero estas mejoras no solo han cambiado los dispositivos que utilizamos, sino también la forma en la que nos comunicamos entre nosotros.
En las generaciones más mayores, lo habitual siempre ha sido llamar por teléfono. Sin embargo, el auge de las aplicaciones de mensajería instantánea como Whatsapp, que permiten enviar y recibir mensajes, fotos e incluso notas de voz en tiempo real, han cambiado la manera en la que nos mantenemos en contacto.
Esta nueva tecnología ha impactado sobre todo en las generaciones más jóvenes. Según una encuesta de Uswitch, una de cada cuatro personas entre 18 y 34 años nunca contesta las llamadas de teléfono. Estos prefieren comprobar si conocen el número que los llama y responder con un mensaje.
De hecho, la misma encuesta reveló que las redes sociales (48%) y los mensajes de voz (37%) son las formas de comunicación preferidas de los jóvenes. De manera generalizada, esta generación prefiere comunicarse a su propio ritmo, teniendo tiempo para pensar antes de responder sus mensajes.
