¿Por qué Trump quiere conseguir Groenlandia?
La isla ártica clave del siglo XXI: recursos estratégicos y la disputa geopolítica entre Estados Unidos, Europa y las grandes potencias
¿Dónde está Groenlandia?
Groenlandia, situada en el Atlántico Norte, es la segunda isla más grande del planeta Tierra, solo por detrás de Australia, y cuenta con una superficie de más de 2 millones de kilómetros cuadrados. Solo 57.000 personas viven en la isla y la mayoría son inuit, que anteriormente se conocían como esquimales. Vive muy poca gente porque el 85 % de la isla está completamente congelada y, por lo tanto, es inhabitable.
¿Quién gobierna?
Groenlandia ha estado habitada desde hace siglos por pueblos del norte de Europa. A partir del siglo XVIII y con la expedición de Hans Egede en 1721, comenzaron a llegar colonos daneses que se asentaron cerca de lo que hoy es la ciudad de Nuuk. En 1814, tras la separación de Noruega y Dinamarca, Groenlandia pasó a depender del Reino de Dinamarca, aunque mantuvo un gobierno propio.
En 1953 se incorporó oficialmente al Reino de Dinamarca, y sus habitantes se convirtieron en ciudadanos daneses. Posteriormente, en 1979, un referéndum otorgó aún más autonomía a Groenlandia, reservando únicamente la seguridad y la defensa al gobierno de Dinamarca.
Hoy, Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Esto significa que no es un país independiente, pero tiene un alto grado de autogobierno: su parlamento y su gobierno local deciden sobre la mayoría de los asuntos internos, como la educación, la sanidad o el medio ambiente, mientras que Dinamarca sigue encargándose de la defensa, la política exterior y la moneda.
Aunque forma parte de Dinamarca, Groenlandia no pertenece a la Unión Europea, tras abandonarla en 1985 por decisión de sus habitantes en otro referéndum.
¿Por qué Donald Trump quiere Groenlandia?
En los últimos dos siglos, los Estados Unidos de América han intentado comprar este territorio hasta en cinco ocasiones. Groenlandia, a pesar de ser un territorio con condiciones extremas, posee una enorme fuente de recursos naturales: oro, gas natural, petróleo y algunos de los yacimientos de tierras raras más prometedores del mundo. Estos elementos son fundamentales para la fabricación de la tecnología moderna.
Además de los recursos naturales, Groenlandia está situada en un punto geoestratégico crucial para los Estados Unidos que permitiría controlar rutas y movimientos de otras potencias como Rusia o China y contrarrestar posibles ataques.
Asimismo, el cambio climático, que el propio Trump califica de “estafa”, está descubriendo nuevas rutas comerciales que antes estaban congeladas. Para 2035, la Organización Mundial del Comercio prevé que la Ruta del Mar del Norte, cercana a Rusia, crezca mucho más que la Ruta del Paso del Noroeste, próxima a Canadá y a los Estados Unidos.
De este modo, la futura ruta del Ártico Central, que se dibuja gracias al cambio climático, abre un abanico muy amplio de posibilidades para quien la domine. Si Trump se hace con Groenlandia, los Estados Unidos serán el país que inaugure esta nueva ruta comercial y, por lo tanto, podrían cambiar a su favor los equilibrios geoestratégicos.

¿Por qué Europa y Dinamarca ven con preocupación las intenciones de Trump?
Groenlandia ya fue ocupada y controlada por los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el régimen nazi invadió y ocupó Dinamarca. Cuando en 1946 terminó la guerra, los Estados Unidos ofrecieron a Dinamarca 100 millones de dólares en oro (que equivaldrían a unos 1.300 millones de dólares actuales) para controlar la isla. Los daneses no lo aceptaron, pero, aun así, los norteamericanos no retiraron sus tropas y acabaron firmando un acuerdo que les permitía mantener una base aérea militar.
Por lo tanto, el gobierno norteamericano aún tiene cierta presencia militar en territorio groenlandés. Esto facilitaría una hipotética operación militar si no se llega a un acuerdo económico para el control de la isla, teniendo en cuenta que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, argumentó que “el uso de fuerzas militares norteamericanas siempre es una opción” y que no le tiembla el pulso a la hora de utilizar su ejército, como hizo en la intervención en Venezuela y la captura de su presidente, Nicolás Maduro.
Esta presencia militar acentúa la tensión entre los Estados Unidos y la Unión Europea, que se ha mostrado demasiado permisiva el último año con el gobierno de Trump y sus constantes amenazas. Ahora se encuentra en una tesitura complicada porque un grupo de siete países europeos, que son España, Italia, Francia, Alemania, Polonia, Reino Unido y la propia Dinamarca, han defendido la soberanía groenlandesa.
La ofensiva no solo pone en peligro la integridad de la Unión Europea, sino que también está en riesgo la OTAN, que es la alianza militar de varios países que se protegen entre ellos frente a ataques y que desempeña un papel clave en la seguridad de Europa y otras regiones estratégicas del mundo. Tanto Dinamarca como los Estados Unidos forman parte de la OTAN y, por lo tanto, si los Estados Unidos invadieran militarmente Groenlandia, estarían atacando directamente a un país de la OTAN, lo que podría suponer la disolución de la organización.
Y casi más importante que todo esto es que podría cambiar el orden mundial. Si los Estados Unidos consiguieran Groenlandia por la fuerza y esto provocara la ruptura de la OTAN, se debilitaría el sistema de alianzas y normas que desde hace décadas intenta evitar guerras entre países. Es decir, sin una OTAN fuerte, Europa se debilitaría, porque perdería la protección que la alianza ofrece frente a posibles ataques. Cada país tendría que defenderse solo, lo que facilitaría que potencias como Rusia avanzaran en conflictos como el de Ucrania y que otros países imitaran este comportamiento. El resultado sería un mundo más inestable, donde las reglas internacionales perderían valor y la ley del más fuerte podría imponerse a escala global.
