«La química en el amor existe de verdad»
“Tener mariposas en el estómago”, “perder el norte”, “colgarse de alguien”, “caer rendido”, “sentir química”… la literatura y el lenguaje popular están llenos de expresiones vinculadas al enamoramiento, ese estado de atracción intensa hacia otra persona que provoca emociones de euforia, alegría y mucha vitalidad. Pero ¿qué hay detrás del enamoramiento? ¿Qué le ocurre a nuestro cerebro durante este proceso? ¿Puede durar para siempre? ¿Tiene fecha de caducidad?
En Junior Report hemos tenido la oportunidad de conversar con el neurocientífico y divulgador David Bueno, uno de los máximos expertos de nuestro país en el estudio del cerebro de los adolescentes y sus procesos de aprendizaje. Además de doctor en Biología y profesor en la Universidad de Barcelona, Bueno ha publicado numerosos libros, entre los que destacan El cerebro del adolescente (Rosa dels Vents, 2022), Los beneficios de la lectura en voz alta (Enciclopèdia, 2023) o su último, El arte de ser humanos (Destino, 2025).
¿Qué es lo primero que ocurre cuando nos enamoramos?
Más allá del factor cultural —difícilmente te enamorarás de una persona que sea muy diferente a ti; no es que sea imposible, pero es más difícil—, el segundo factor es puramente químico, basado en las feromonas. Es un olor que no detectamos como olor; hay feromonas que nos atraen y otras que no. Esto nos ha pasado a todos: a veces nos cruzamos con alguien por la calle y miramos, ¿verdad? La química en el amor existe de verdad.
¿El amor a primera vista también es real, entonces?
Sí. Es cierto que no siempre estamos igual de receptivos para captar las feromonas. El día que estás abatido y triste es más difícil captarlas o interpretarlas. Si estás animado y alegre, emites más y también recibes más.
¿Y qué feromonas nos atraen más?
Se ha visto que nos sentimos atraídos por personas con un sistema inmunitario lo más diferente posible del nuestro.
¿Y qué significa eso?
En nuestro sistema inmunitario hay unas proteínas, llamadas proteínas de superficie. Hay muchas, y son las que ayudan a identificar elementos parásitos, patógenos, bacterias, virus u otros parásitos.
El fundamento biológico de este primer contacto es aparearse para tener descendencia. Si te emparejas con una persona que tiene estas moléculas de superficie similares a las tuyas, reduces la posibilidad de que el sistema inmunitario de los descendientes identifique elementos patógenos. En cambio, si estas moléculas son diferentes, la nueva combinación tendrá mucha más diversidad y será más fácil que el sistema inmunitario de los posibles hijos o hijas reconozca patógenos diversos, lo que aumenta sus probabilidades de supervivencia. Es puramente evolutivo, biología pura y dura.
Imaginemos una fiesta llena de jóvenes que emiten feromonas, ¿qué hace que unos se atraigan más que otros?
Es una mezcla de factores: las feromonas, el componente inmunitario y, después, el factor cultural.
¿Cuándo empieza el enamoramiento?
Puede empezar de inmediato o al cabo de un tiempo. También hay que tener en cuenta que no solo somos seres emocionales, sino también racionales. Quizá conectas con alguien por quien no te sientes especialmente atraído al principio, pero a base de quedar, de hablar y de compartir, acabas sintiendo atracción.
¿Y por qué se pierde literalmente la cabeza por alguien?
En el enamoramiento entran en acción una serie de neurotransmisores —las moléculas que permiten que las neuronas se envíen mensajes—, entre ellos la dopamina, que genera sensaciones de recompensa, placer muy eufórico y energía.
Por eso las personas enamoradas pueden pasar horas y horas juntas, sin cansarse, sin sueño, con todo rápido e intenso. Ahora bien, la dopamina es tan intensa que acaba saturando los receptores del cerebro. Y entonces llega la bajada.
¿Por tanto, el enamoramiento no dura para siempre?
El enamoramiento tiene fecha de caducidad. No puede durar eternamente. Eso de las mariposas en el estómago es un exceso brutal de dopamina que hace que solo pienses en esa persona. Pero eso se acaba.
De hecho, las drogas son adictivas porque activan este mismo sistema de dopamina, y son perjudiciales para el cerebro por muchos motivos, uno de ellos este: te mantienen tan arriba que no acabas bien.
¿Cuánto dura este periodo de enamoramiento?
Entre dos y cuatro años. Puede durar más o menos, pero si todo va más o menos bien, suele acabarse en ese intervalo. Por eso muchas parejas rompen después de dos años: la dopamina baja y la relación no se ha consolidado.
Puedes recuperar picos de dopamina puntualmente, pero no puedes mantener ese nivel constante.
¿Se puede pasar de un pico de enamoramiento a otro?
Aquí también entran factores genéticos. Todos tenemos estos neurotransmisores, pero los genes que los producen tienen variantes. Hay personas que generan más dopamina o tienen receptores más eficaces y, por tanto, se saturan menos. Pero también hay personas que, cuando termina la fase de enamoramiento, necesitan buscar otra pareja porque el amor les resulta demasiado suave y no les genera suficiente satisfacción.
¿Qué ocurre cuando se acaba el enamoramiento?
Cuando estás enamorado se bloquean los circuitos neuronales de la crítica hacia la pareja: todo es bonito. Cuando se acaba, esos circuitos se reactivan y lo que antes parecía maravilloso deja de serlo.
Pero si durante ese tiempo has construido una relación sólida, con elementos en común más allá del enamoramiento, proyectos compartidos y, sobre todo, si aprendes a tolerar lo que no te gusta del otro, entras en la tercera y última fase de la relación, que puede durar para siempre: el amor.
¿Aquí ya no hay dopamina…?
El amor también tiene dopamina, pero en menor cantidad, por lo que no satura. Puede haber picos intensos en algunos momentos, pero luego baja y el sistema no colapsa.
En esta fase se activa sobre todo la serotonina, un neurotransmisor conocido como “hippie”, que transmite bienestar inmediato. También aparecen la oxitocina y la vasopresina. La oxitocina es la neurohormona de la socialización y la vasopresina está especialmente vinculada a la fidelidad de grupo y de pareja.
Esta combinación hace que te sientas bien con esa persona. Si además hay proyectos comunes, sensación de seguridad y expectativas claras, la relación se consolida.
¿Ser más o menos fiel también tiene que ver con las neurohormonas?
Los enzimas que gestionan la vasopresina están relacionados con la infidelidad. Hay variantes que hacen que una persona sea más propensa a la fidelidad o a la infidelidad. No es determinista —influyen factores culturales, la voluntad propia y otros muchos elementos—, pero sí hay personas a las que les resulta más difícil mantener la fidelidad según la eficacia de su vasopresina.
La manera de relacionarnos ha cambiado… ahora los jóvenes hablan a través de las redes sociales
Las redes sociales son muy atractivas. No se sabe si son adictivas, pero sí generan una fuerte atracción. Los adolescentes socializan mucho por aquí. Luego, cuando quedan en persona, la relación se parece más a la de antes, pero emocionalmente se abren más a través de las redes.
¿Y qué cambia en las relaciones que empiezan a través de una pantalla?
No es lo mismo ver a una persona a través de una pantalla que encontrártela cara a cara. El olor, el contacto físico, no están presentes. El primer contacto puede ser más racional y menos químico. Antes era más emocional y luego más racional; quizá ahora lo hemos invertido.
¿Hay personas que, por genética, tengan más dificultades para enamorarse?
No todo el mundo tiene la misma capacidad para enamorarse. Hay personas que genéticamente lo tienen más difícil, pero pueden compensarlo culturalmente. Se puede estar bien en una relación amorosa sin un enamoramiento intenso.
Y todo esto es independiente del género: puede ocurrir entre mujeres y hombres, entre mujeres y mujeres, y entre hombres y hombres.
¿Te puedes enamorar de dos personas a la vez?
Teóricamente sí, pero la atención y la dopamina son limitadas. Si las divides, baja la intensidad.
La atención plena es un recurso muy limitado para el cerebro porque consume mucha energía. O concentras toda la atención en una persona o, si la divides, ya no es un 50 y 50 %, quizá es un 40 y 40 %, porque necesitas un 20 % para mantener la atención dividida. Tienes un límite máximo de dopamina: o la concentras en una persona o todo puede acabar colapsando.
¿Qué aprenden los jóvenes del estado de enamoramiento?
Aprenden cómo son, qué quieren, qué les gusta, cuáles son sus límites y los del otro. Es ensayo y error. Aprenden a relacionarse, a respetarse, a saber con quién pueden construir una historia más larga. La madurez llega alrededor de los 24–26 años.
¿Un consejo para quien se sienta desbordado en todo este proceso?
Es normal sentirse desbordado. Pero que eso no les traumatice ni piensen que lo que les ocurre no es normal. A veces los adultos transmitimos que no lo es, pero es completamente normal.
En esta etapa, el trabajo de los adolescentes es aprender a gestionarse. Los altibajos son normales, y es normal enamorarse hoy y mañana no poder ni ver a esa persona.
