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¿Cómo impactan los videojuegos en la experiencia de aprendizaje?

El aprendizaje basado en videojuegos eleva el compromiso del alumnado y ayuda a desarrollar habilidades como la colaboración, la empatía y el respeto

ACER
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Utilizar el juego como herramienta en el aula no es ninguna novedad. Este sirve para atraer el interés de los alumnos, inspirarles y entrenar habilidades como la cooperación y la estrategia, por lo que se convierte en una estrategia clave para reforzar el aprendizaje y hacerlo más significativo.

Con la irrupción de la tecnología en nuestras vidas, lo que sí ha cambiado estos últimos años es el terreno y las reglas del juego. Y es que, con el universo digital que los y las jóvenes tienen actualmente a su alcance, la gamificación en general y los videojuegos en particular abren un abanico infinito de posibilidades en lo que a experiencia de aprendizaje se refiere: la enseñanza se transforma en una experiencia vivencial y significativa y la inspiración del alumnado se eleva hasta cotas inimaginables.

Cómo integrarlos en el aula

La familiaridad de los jóvenes con los juegos digitales y virtuales de la que hablábamos convierten estos espacios en entornos naturales de aprendizaje, con todo el potencial que ello entraña a la hora de alcanzar los objetivos docentes de cada etapa.

Así, el aprendizaje basado en juegos logra integrar esos objetivos educativos en la estructura de un juego, una dinámica debidamente guiada por los docentes, cuyo reto radica en diseñar tareas y niveles que desarrollen habilidades significativas para, así, alinear la dinámica del juego con los objetivos curriculares. Unos objetivos que van desde conceptos a competencias claves, pasando también por todas aquellas habilidades interpersonales que se derivan de los muchos juegos que se disputan por equipos. En estos juegos colectivos, los estudiantes desarrollan asimismo competencias como la colaboración, la empatía y el respeto, aprenden a escuchar y a liderar e, incluso, a anteponer los intereses del grupo a los propios.

Y, una vez conocidos todos sus beneficios, ¿cómo deben integrarse los videojuegos en el seno de las aulas? El primer paso es definir las habilidades o los conocimientos a trabajar en el aula para, después, seleccionar o diseñar juegos que apoyen de forma natural esos resultados.

Bien sea para resolver problemas matemáticos, bien para redactar historias o bien para trabajar en equipo, los juegos deben tratarse como herramientas de aprendizaje estructuradas, no como extras. En consecuencia, deben tener su propio lugar en la planificación de la clase. Los docentes también deben instar a los alumnos a reflexionar en torno a esos objetivos, puesto que les ayudará a conectar de manera natural la experiencia de juego con los contenidos académicos. Y es que, cuando se integran de forma consciente, los juegos tienden puentes entre currículo y participación, haciendo el aprendizaje más dinámico y centrado en el estudiante.

Reimaginar la experiencia de juego

A la hora de ilustrar cómo la inclusión de los videojuegos en el aula ha servido para transformar tanto la experiencia de aprendizaje de los alumnos como la experiencia docente de los profesores, las docentes pioneras de la innovación Maestre a Cubetti han compartido con nosotros cómo empezaron a integrar los videojuegos en su práctica docente, un capítulo que se remonta a cuando introdujeron Minecraft en el aula y observaron de primera mano que sus alumnos ya se sentían “increíblemente cómodos con él”. Lo dominaban como lenguaje y esa familiaridad, reconocen ahora, era una gran ventaja, pero también planteaba un reto. “Y es que, como ya sabían jugar a Minecraft, nuestra tarea como docentes era cambiar su perspectiva: guiarlos hacia una nueva forma de jugar que pudiera servir a fines académicos sin quitarle la diversión», recuerdan. Aquello, apuntan, significó “transformar las misiones en lecciones, las construcciones en proyectos y la colaboración en una oportunidad para aplicar los conocimientos del aula en un entorno práctico y centrado en el estudiante”.

Los desafíos no terminaron ahí, puesto que, como señalan Maestre a Cubetti, también hubo que encontrar un videojuego que pudiera apoyar su enfoque interdisciplinario: “Como nuestra trayectoria de aprendizaje es holística, necesitábamos una herramienta flexible y amplia que pudiera conectar distintas materias”. En todo este despliegue todavía quedaba un elemento por apuntalar: la capacidad del docente para navegar y entender el propio juego. Y es que, subrayan, si las escuelas y los docentes dudan en adoptarlas, “corremos el riesgo de perder la atención y el compromiso de una generación que ya aprende y se comunica de otra manera”.

Despertar la curiosidad del alumnado

En el abanico de recursos educativos al que Maestre a Cubetti se refieren, más allá de Minecraft, también encontramos herramientas digitales como el tinkering, un enfoque que ofrece ideas originales basadas en el juego, plataformas como CoSpaces Edu, que permite a los estudiantes crear entornos 3D interactivos, y SAM Lab. Dicho esto, puntualizan, “el foco nunca está en la herramienta en sí”. Y es que, destacan, lo que realmente importa es cómo se usa la tecnología, no como un truco, sino como un medio para despertar la curiosidad y encender el deseo de aprender. “Cuando se utilizan de forma creativa e intencional, estas plataformas se convierten en poderosas aliadas para construir recorridos de aprendizaje significativos», concluyen.

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