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Cómo transformar la pasión por la música urbana en una profesión con futuro

Microfusa pone su experiencia al servicio de una formación rigurosa y práctica para convertir al productor musical en el eje de la creación digital  

Microfusa ofrece cursos de producción musical

Hoy en día, las grandes estrellas de la música global ya no salen únicamente de los conservatorios, sino que provienen de entornos urbanos y de ámbitos diversos como la música latina o la electrónica. Las bandas tradicionales han dado paso a nuevos estilos y formatos y, en este escenario, el productor musical ha dejado de ser una figura en la sombra para convertirse en un pilar fundamental, incluso el rostro ante un éxito. Por ello, los estudios de producción musical han ido ganado interés y relevancia en los últimos años.

Por otra parte, la tecnología actual facilita un acceso sin precedentes a la creación sonora. Son muchos los jóvenes que sueñan con producir sus propios temas desde casa y encontrar una oportunidad para dedicarse a la música. Aunque un golpe de suerte lo puede tener todo el mundo, lo que garantizará que este sueño se convierta en realidad es disponer de una buena base de conocimiento.

Así lo defienden desde Microfusa, una escuela con larga experiencia en la producción musical. Para Edu Gramunt, director de los centros de formación Microfusa, aprender producción musical hoy en día ha dejado de ser una cuestión puramente técnica para convertirse en un proceso «artesanal, artístico y tecnológico».

Según explica, hemos vivido un cambio de paradigma donde la producción ha pasado a situarse en el corazón mismo del proceso creativo. De hecho, en la cultura actual, el productor ha pasado a ser el artista principal, una evolución que hace que la figura del creador y la del técnico se mezclen y confundan, especialmente en géneros urbanos y electrónicos donde la tecnología es el principal instrumento.

En este contexto, se necesitan profesionales bien formados, capaces de ir más allá del gusto personal o la intuición. En Microfusa intentan formar estos perfiles, apostando por un enfoque de 360 grados que bascula entre la tecnología, la industria y el lenguaje musical.

Muchos alumnos llegan con un gran potencial pero sin una base teórica que les permita moverse con seguridad entre estilos, explica Gramunt, que defiende que en el centro precisamente preparan a los jóvenes en diferentes campos. Esta preparación es vital para poner orden al caos de información que los jóvenes encuentran en internet, donde a menudo se obtiene un resultado rápido pero vacío de fundamento: «El producto final a día de hoy es relativamente fácil de hacer, es sencillo conseguir un resultado creíble… pero esto no te garantiza que tengas un conocimiento del proceso de las herramientas que te podrían llevar a otros caminos», explica.  

De la creación artística al negocio de la industria

Disponer de una preparación integral abre puertas profesionales que muchos jóvenes ni siquiera son conscientes de que existen. Muchos entran a estudiar producción movidos por la idea de ser DJ, pero acaban descubriendo su verdadera vocación durante el curso. Esto los lleva a otros ámbitos con grandes salidas profesionales, como la creación de sonidos para plataformas digitales, la publicidad, el diseño sonoro para videojuegos o la música para cine.

Por otra parte, explica Gramunt, en Microfusa se ofrece una formación integral que también sitúa al estudiante en la realidad del sector. «Tienes que entender el concepto de la industria: qué gente hay, cómo son los contratos, cómo es el marketing. Al final el productor tiene que intentar llevar una idea a un producto comercial, aunque sea para un nicho muy concreto». La clave es hacer música y saber cómo hacerla llegar a la audiencia.  

Profesionales ante la IA

Como en la mayoría de sectores, la producción musical también se ve sacudida por la irrupción de la inteligencia artificial. En Microfusa evitan el discurso apocalíptico para centrarse en el criterio profesional.

En este sentido, Gramunt explica que la ven como una amenaza relativa que se puede convertir en aliada si se domina la base: «La Inteligencia Artificial requiere tener unos conocimientos previos porque, si no, es algo puramente aleatorio». Por ello, la escuela prevé incorporarla como una herramienta más de trabajo, sin que sea un sustituto del aprendizaje real.

Tal y como recuerda el director de Microfusa, el ser humano siempre acaba dando un uso artístico imprevisto a la tecnología. Así pasó, por ejemplo, con el Autotune: «El uso que la gente joven le dará a estas herramientas no lo sabe ni la propia IA. Quién sabe si la usarán de una manera que no será la lógica», comenta, para defender que hay que aprender a integrarla como una herramienta a la que se le puede sacar partido.

Con casi 40 años de historia, Microfusa sigue siendo un laboratorio donde se rompen tópicos y se prestigia el oficio de la producción musical. Ante la idea estereotipada que mucha gente puede tener de las músicas urbanas, en la escuela la contrastan con la realidad de sus aulas, donde encuentra alumnos con estudios de jazz o clásica que aplican estructuras complejas a ritmos urbanos. Al fin y al cabo, indica Gramunt, el éxito no se mide en títulos, sino en la solvencia del profesional: «En este mundo nadie pide un título, lo más importante es aprender bien y formarse en el lugar más adecuado», concluye.

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