16 junio 2024
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16 junio 2024

Acuerdo histórico para los océanos

Países de todo el mundo se comprometen a proteger una tercera parte de los mares y océanos del planeta

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha anunciado un acuerdo histórico para proteger los océanos y mares del planeta y, de este modo, preservar la biodiversidad de los ecosistemas marinos.  El Tratado de Alta Mar establece que al menos el 30% de los océanos estarán considerados como áreas protegidas de cara al 2030.

El acuerdo actúa en las zonas de altamar, es decir, aguas internacionales situadas al menos a 200 millas náuticas de la costa (unos 370 kilómetros). Hasta ahora, no había ningún tratado internacional que regulara la actividad marítima en estas zonas, lo que daba pie a que se produjeran actividades perjudiciales para los ecosistemas marinos como la pesca ilegal, la sobrepesca o la minería marítima. 

El acuerdo todavía no está ratificado: los países participantes todavía no lo han firmado ni se han adherido formalmente. Este proceso puede tardar años. Sin embargo, el hecho de que las principales potencias mundiales como Estados Unidos, China o la Unión Europea hayan validado la propuesta da muchas esperanzas a científicos, biólogos y activistas medioambientales, que han celebrado el acuerdo. 

Las negociaciones para alcanzar un acuerdo se han alargado más de 20 años. Durante este tiempo, las organizaciones ecologistas y los pequeños Estados insulares del Pacífico y el Caribe han sido los más activos a la hora de reclamar un compromiso de todos los gobiernos.

Como suele suceder, los intereses económicos de cada país y región han sido el principal escollo para cerrar las negociaciones. Sobre todo a la hora de establecer límites en la actividad pesquera, que es una importante fuente de ingresos pero también puede destrozar el fondo de los océanos y disminuir a la población de especies marinas si no se realiza de forma sostenible.

El futuro está bajo el mar

Otro de los grandes puntos de discusión del Tratado Global de los Océanos han sido los llamados recursos genéticos marinos: plantas, animales y pequeños seres microscópicos que tienen importantes propiedades científicas y pueden utilizarse para fabricar cosméticos, alimentos o incluso medicinas. 

El potencial de estos recursos genéticos es enorme, tanto por las aplicaciones que pueden tener como por los beneficios económicos que podrían generar si se comercializan. De ahí el interés de los gobiernos porque el nuevo acuerdo les permita utilizar estos recursos.

Cada país es propietario de las especies marinas que encuentra dentro de sus aguas, pero no está claro qué sucede con los recursos disponibles en aguas internacionales: ¿Quién puede explorar las profundidades del océano Atlántico o Pacífico? Si se encuentra un alga con importantes propiedades medicinales, ¿quién debería explotar su producción?

En la actualidad, tan solo 10 países acaparan el 90% de las patentes de productos fabricados con genes marinos, según datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Lo más curioso es que estos países solo representan el 20% de las costas del planeta y algunos, como Suiza, ni siquiera tienen salida al mar.

Esto demuestra la desigualdad entre los países más ricos como Alemania, Estados Unidos y Japón (que acumulan el 70% de las patentes) y otros países con menor capacidad tecnológica pero que, al estar situados en medio del océano, tienen un acceso mucho mayor a estos recursos.

El nuevo Tratado de Alta Mar establece que los beneficios que se obtengan con estos productos deben repartirse de forma equitativa, además de incluir la transferencia de tecnología marina: que los países desarrollados compartan sus conocimientos con otros países para que también puedan investigar y trabajar con los recursos genéticos marinos.

Mares y océanos en peligro

Las zonas de altamar situadas en aguas internacionales representan el 60% de los océanos del planeta, por eso era tan importante definir una normativa que permita proteger la biodiversidad en estas áreas. No se trata de dejar de pescar o de explorar los fondos marinos, sino de hacerlo de una forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

El último tratado internacional para proteger los océanos se firmó en 1982, hace más de 40 años. Desde entonces, el cambio climático, la sobrepesca y la contaminación humana han tenido un grave impacto en los ecosistemas marinos. 

Los océanos son el sumidero de carbono más importante del planeta: producen el 50% del oxígeno que respiramos y almacenan una tercera parte del CO₂ que hay en la atmósfera, lo que contribuye a reducir el calentamiento global. La contaminación de los océanos reduce su capacidad para absorber este gas y, como consecuencia, empeora el cambio climático. 

Por otro lado, la población de especies marinas ha disminuido en los últimos años debido a la sobrepesca, pero también a la explotación de recursos y a la minería marina, que destruye el fondo del mar y afecta algunos de los animales más antiguos del planeta (especies que habitan en las profundidades del océano y pueden vivir cientos de años).

La contaminación por plásticos es otro de los problemas más graves en los entornos marinos. Cada año se vierten 8 millones de toneladas de plástico en nuestros océanos, que afectan a los peces y aves marinas, pero también tienen un impacto sobre el turismo y la pesca. Además, los microplásticos (residuos de menos de 5 milímetros) pueden introducirse en el organismo de los seres vivos, incluidas las personas.

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