16 junio 2024
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16 junio 2024

Autismo: una forma diferente de ver el mundo

Los síntomas del autismo pueden afectar la capacidad de comunicarse y relacionarse con otras personas, además de producir patrones o conductas repetitivas

El autismo es un trastorno que condiciona la capacidad de las personas para comunicarse e interactuar con los demás. En términos médicos, esta condición se conoce como Trastorno del Espectro Autista (TEA) y tiene un origen genético y neurobiológico, es decir, que está provocado por una serie de alteraciones en el cerebro y en las conexiones neuronales.

Los síntomas del TEA producen dificultades en la comunicación y la interacción social, además de provocar patrones repetitivos en comportamientos, intereses o actividades. Aun así, cada caso de autismo es diferente y puede requerir diferentes tipos de apoyo. Por eso es importante no generalizar ni crear estereotipos sobre estas personas.

Los síntomas del autismo aparecen durante la infancia y duran toda la vida. En ese sentido, la detección precoz puede ayudar a tratar estos síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas autistas. Se calcula que 1 de cada 100 niños tiene autismo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

No obstante, esta proporción varía mucho en cada territorio. Por ejemplo, en Estados Unidos, la prevalencia del autismo está en 1 de cada 54 niños. Esto se debe a que los países y regiones más ricos tienen más recursos para destinar a la investigación médica y hacer un seguimiento de los casos de autismo; en cambio, en los países en desarrollo, lo más probable es que muchos de los casos de autismo estén sin diagnosticar. 

Estudios sobre el autismo

El psiquiatra austríaco Leo Kanner (1894-1981) fue uno de los primeros especialistas médicos que escribió sobre los problemas psiquiátricos en la infancia. En 1943 publicó el artículo Trastornos autistas del contacto afectivo, en el que describía el trastorno autista como una “falta de contacto con las personas, ensimismamiento y soledad emocional”. 

Antes, en 1925, la psiquiatra ucraniana Grunia Sújareva publicó un estudio sobre 6 niños cuyos síntomas coincidían con los que hoy describen el autismo. Sújareva llamó a este trastorno “psicopatía esquizoide”, pero lo desvinculó de la esquizofrenia, una enfermedad mental grave. 

En 1944, el pediatra austríaco Hans Asperger (1906-1980) publicó sus primeros estudios con niños autistas. Asperger describió unos síntomas similares a los que observó Leo Kanner, y resaltó su capacidad para hablar sobre los temas que les interesaban con gran detalle. Su nombre acabó describiendo uno de los trastornos más estudiados del espectro autista: el síndrome de Asperger.

La psicóloga alemana Uta Frith descubrió los trabajos de Asperger y los tradujo del alemán al inglés a principios de la década de 1980, lo que sirvió para impulsar el estudio científico de estos trastornos. Así fue como la psiquiatra británica Lorna Wing, que tenía una hija autista, desarrolló el concepto del “espectro autista”, que engloba los diferentes grados y síntomas de autismo.  

Los síntomas del autismo

Las personas con trastornos del espectro autista tienen dificultades para interpretar el lenguaje figurativo, pero también los gestos o el tono de voz. Algunas personas experimentan limitaciones en el habla mientras que otras, aunque tienen buenas habilidades lingüísticas, les cuesta entender el sarcasmo o la ironía, por ejemplo.

A la hora de relacionarse, las personas con autismo suelen tener dificultades para comprender los sentimientos de los demás e incluso para expresar sus propias emociones. Esto hace que, en ocasiones, puedan parecer insensibles o que busquen tiempo para estar a solas cuando se encuentran con mucha gente. 

La rutina es un concepto destacado entre las personas con autismo. Por ejemplo,pueden preferir prefieren ir siempre por el mismo camino o comer los mismos alimentos en el desayuno porque así se aseguran de lo que va a pasar. El cambio de rutina puede llegar a ser angustioso para ellos y provocarles ansiedad, por eso algunas personas con autismo cumplen las reglas sin excepciones. 

Algunas personas con autismo hacen movimientos de manera repetitiva, como agitar las manos, mecerse o abrir y cerrar una puerta. A algunas les resulta agradable, otras lo hacen porque les ayuda a calmarse cuando están estresadas.

Otros de los síntomas están relacionados con la sensorialidad: las personas con autismo pueden tener sensibilidad excesiva o insuficiente a los sonidos, el tacto, los olores o la luz. Situaciones como una sala con una luz brillante o un restaurante con una música de fondo pueden causarles ansiedad. De la misma manera, pueden ser menos sensibles a determinados estímulos, como el dolor, la temperatura…

Es importante destacar que existen tantos autismos como personas con autismo. El espectro es muy variado: hay personas que tienen una discapacidad intelectual asociada y no tienen capacidad de lenguaje, mientras que otras tienen lenguaje y pueden llevar una vida regida por los estándares, pero tendrán dificultades a la hora de relacionarse. Todas y cada una de las personas con autismo merecen respeto y apoyo cuando sea necesario y en la medida necesaria.

Autismo: ¿condición o trastorno?

No existe un consenso sobre la definición del espectro autista, sus síntomas o en qué trastornos se divide. Según la Organización Mundial de la Salud, se trata de un grupo de afecciones muy diversas que pueden variar y evolucionar con el tiempo. Algunas personas con autismo pueden vivir de manera independiente, mientras que otras requieren de apoyo y atención constante durante toda su vida.

La comunidad médica y científica estudia los síntomas del autismo y sus posibles causas neurológicas y genéticas para entender cómo funciona y encontrar un tratamiento adecuado. Sin embargo, desde una perspectiva social, el autismo no se considera un trastorno médico sino una condición que hace que algunas personas tengan características diferentes, como todos. 

En este contexto surge la neurodiversidad, un movimiento que rechaza la idea del autismo como trastorno y que sencillamente lo considera una diferencia neurológica. El colectivo neurodivergente incluye a las personas con TEA, pero también a las personas con dislexia, con déficit de atención o con hiperactividad, entre otras. 

El movimiento de la neurodiversidad reclama que las personas autistas deberían recibir un trato igualitario por parte de la sociedad, con igualdad de oportunidades. En ese sentido, no es la persona con autismo quien debe adaptarse al 100%, sino que debe ser un esfuerzo conjunto de la sociedad para garantizar todos los derechos y apoyos que merece para tener una buena calidad de vida.

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