15 julio 2024
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15 julio 2024

Calor extremo en junio

Las altas temperaturas están marcando el inicio del verano en Europa, donde algunas regiones superan los 40 grados de máxima

El verano acaba de empezar en el hemisferio norte, pero las altas temperaturas ya están siendo las principales protagonistas. En los últimos días se han disparado los termómetros alcanzando temperaturas extremas, por encima de los 40ºC en algunas zonas del sur de Europa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define las olas de calor como un “periodo inusualmente caliente, seco o húmedo, de día o de noche, que se inicia y termina de forma abrupta, con una duración de por lo menos tres días”. Esta variación extrema de las temperaturas es uno de los efectos más visibles del cambio climático

Uno de los países europeos más afectados por las altas temperaturas está siendo España, que esta semana atraviesa su primera ola de calor de 2023. En algunas ciudades como Córdoba, Sevilla y Badajoz los termómetros han alcanzado los 44ºC de máxima en los últimos días.

El año pasado, Europa ya batió récords de calor. En 2022, el continente vivió el segundo año más cálido y el verano más caluroso desde que hay registros, según el último informe publicado por el proyecto Copernicus. La situación provocó graves incendios y olas de calor intensas y prolongadas en diferentes países.

Por ejemplo, en Reino Unido, las temperaturas alcanzaron los 40.2ºC, una cifra que nunca había aparecido en los registros meteorológicos del país hasta entonces. Como consecuencia, el gobierno británico declaró por primera vez el estado de emergencia por calor extremo.

El informe de Copernicus advierte que Europa se ha calentado más rápido que cualquier otro continente en las últimas décadas y las temperaturas aumentan el doble de rápido que la media global. Como consecuencia, en 2022 el clima europeo estuvo marcado por un calor extremo sin precedentes y una sequía generalizada, una situación que podría repetirse este año. 

El efecto del calor en nuestro cuerpo

Las altas temperaturas no solo tienen consecuencias en el medioambiente, que se ve deteriorado por la sequía y los incendios, sino también en nuestra salud. Las olas de calor extremas pueden provocar problemas en nuestro cuerpo, como la deshidratación, e incluso causar la muerte.

En España, se estima que 4.744 personas murieron por el exceso de temperatura entre junio y septiembre de 2022, según datos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Esta semana, dos agricultores de 46 y 47 años han fallecido por un golpe de calor mientras trabajaban en el campo. 

Pero, ¿cómo funciona un golpe de calor? Para que nuestro cuerpo funcione correctamente tenemos que tener una temperatura corporal alrededor de los 37ºC. Sin embargo, si nuestro cuerpo alcanza temperaturas por encima de los 40ºC, nuestro sistema natural de enfriamiento puede fallar y podemos sufrir un golpe de calor

En esta situación, nuestro organismo tratará de regular la temperatura y “descuidará” otras funciones vitales. Por esta razón, una persona afectada por un golpe de calor puede sufrir problemas de salud como mareos, náuseas, confusión, baja capacidad de respuesta, irritación, calambres, dolor de cabeza, sudoración intensa… 

Algunas personas pueden sufrir problemas cardíacos o accidentes cerebrovasculares, también causados por el esfuerzo que realiza el cuerpo para mantener estable la temperatura corporal. En casos más extremos, se pueden sufrir paros cardíacos como consecuencia, lo que puede provocar la muerte. 

Refugios climáticos

Las ciudades absorben y retienen más calor que las áreas rurales, lo que provoca un aumento significativo de la temperatura en estas zonas. Como consecuencia, se crean lo que se conoce como “islas de calor”. Este término se refiere al efecto generado en las áreas urbanas debido a la concentración de infraestructuras y actividades humanas

El asfalto utilizado en las carreteras tiene una gran capacidad para absorber la energía del sol durante el día y liberarla por la noche. A esto se suman la falta de vegetación, que hace que haya menos zonas en sombra, y las actividades humanas, como el uso de vehículos o actividad comercial. Todo ello contribuye al aumento de la temperatura en las áreas urbanas

En este contexto, algunas personas pueden permitirse refugiarse del calor en casa y poner el aire acondicionado. Sin embargo, existen grupos de población más vulnerables que no tienen acceso a estos sistemas en sus viviendas o que no pueden pagar las facturas. Por eso es importante que las ciudades ofrezcan soluciones para combatir las altas temperaturas.

Es el caso de los refugios climáticos, que son espacios diseñados o adaptados para proporcionar alivio térmico y protección contra las “islas de calor”. Estos refugios pueden ser parques y zonas verdes que proporcionen sombra y enfriamiento, pero también edificios con aire acondicionado como bibliotecas públicas o centros cívicos. 

El objetivo de estos espacios es ayudar a la población más vulnerable a sobrellevar las altas temperaturas, mejorando la calidad de vida de los residentes. Pero además, estos refugios también fomentan la interacción con la naturaleza y contribuyen a la adaptación al cambio climático en entornos urbanos.

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