20 agosto 2022
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Crisis de gas en Europa

Las fuentes de energía tradicionales se agotan y los países compiten entre ellos para garantizar el suministro energético a su población

La escasez de energía a nivel global ocupa portadas y titulares desde hace meses y se ha convertido en uno de los temas de debate más comentados por la población. ¿Nos quedaremos sin combustible en algún momento? ¿Habrá suficiente energía para activar la calefacción en invierno?

En Europa, los diferentes gobiernos han empezado una puja de precios por el gas que ha alcanzado récords históricos: la demanda es muy alta pero la producción de gas es limitada, así que quien pague más dinero será quien consiga garantizarse el suministro. Además, el mercado europeo del gas también está condicionado por varios intereses políticos, alianzas y conflictos que dificultan todavía más su distribución.

Las reservas europeas de gas son pequeñas, así que el continente depende de otros países productores. Europa tiene tres proveedores principales: Rusia, que llega a varios países del norte y este de Europa; Noruega, que abastece a los países nórdicos y el centro de Europa, y Argelia, que abastece principalmente a los países del Mediterráneo.

Rusia proporciona más de una tercera parte del gas que se consume en toda Europa y eso le da cierto poder a la hora de presionar o conseguir ventajas en otras negociaciones políticas. Por ejemplo, en la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2, que llevará el gas directamente de Rusia a Alemania.

Hasta ahora, la mayoría del gas ruso se distribuye a través de gasoductos que pasan por Ucrania, cuyo gobierno está enfrentado con el gobierno ruso. El paso de estos gasoductos reporta centenares de millones de euros a Ucrania en concepto de derechos de tránsito. Por eso, el presidente Vladimir Putin ha presionado para crear un nuevo recorrido alternativo por Alemania y así perjudicar al gobierno ucraniano.

Ahora bien, la Unión Europea no ve con buenos ojos que Putin utilice el gas para aumentar su influencia sobre Europa. Tampoco ve bien los movimientos militares del ejército ruso en la frontera con Ucrania, que se consideran una amenaza. Así que de momento la puesta en marcha del Nord Stream 2 está parada, a la espera de conseguir el permiso definitivo de las autoridades europeas.

Por su parte, Putin ya ha anunciado que el suministro de gas ruso en Europa será menor este invierno, alegando que la prioridad es abastecer a la población rusa. Las autoridades europeas denuncian que la crisis migratoria en la frontera con Bielorrusia, aliada de Putin, es otra estrategia del gobierno ruso para presionar a la UE en la crisis del gas.

Argelia y Marruecos: más allá del gas

Argelia lleva años siendo el principal suministrador de gas para países del sur de Europa como España o Portugal. Sin embargo, le ha salido un competidor: Marruecos, que apuesta por un modelo energético muy diferente y quiere construir grandes parques solares y eólicos en su territorio. 

No obstante, el enfrentamiento entre ambos países va más allá de la energía y tiene su origen en la época colonial y las fronteras que las potencias europeas trazaron entre los dos países durante el siglo XIX.

Desde que se independizaron a mediados del siglo XX, Argelia y Marruecos se disputan una serie de territorios fronterizos y reclaman su soberanía. Entre estos territorios destaca el Sáhara Occidental, que Marruecos ocupó tras la retirada de España en 1975, mientras que Argelia apoya al Frente Polisario, movimiento político impulsado por el pueblo saharaui que reclama su independencia de Marruecos.

Por otro lado, el gobierno argelino siempre ha colaborado con Rusia, mientras que el actual rey de Marruecos, Mohamed VI, es aliado de Estados Unidos, dos potencias que mantienen el enfrentamiento de la Guerra Fría.

En las últimas semanas, la tensión ha aumentado hasta el punto de que Argelia ha cerrado el gasoducto que pasa por Marruecos y lleva el gas hasta el sur de Europa. Esto ha dejado a Marruecos sin los correspondientes derechos de paso y sin suministro de gas. En el caso de España y Portugal, ahora el gas debe transportarse en buques de transporte, lo que supone una opción más lenta y cara que hace que el precio del gas aumente. 

Un mundo globalizado 

La crisis del gas en Europa también se ha visto afectada por la ausencia de carbón en China. El carbón es una de las fuentes de energía más antiguas y también una de las más contaminantes, pero sigue utilizándose porque es muy barato.

Ahora bien, el carbón es un combustible fósil y sus reservas se están agotando en todo el mundo. China era el principal consumidor de carbón del mundo pero ha tenido que buscar alternativas porque sus minas se están consumiendo. También las de Australia e Indonesia, sus principales proveedores.

Ante la necesidad de materias primas para generar energía, seguir produciendo y mantener su economía (China es el único país que crece en medio de la pandemia), el gobierno chino ha apostado por el gas

En un país con más de 1.400 millones de habitantes, la demanda energética es altísima y acaba condicionando el suministro en otros países e incluso en otros continentes: cuanto más gas se desvíe hacia China, menos quedará para abastecer a Europa. Una muestra más de los efectos de vivir en un mundo globalizado.

Falta de energía… y de transporte

Además de la escasez de energía, la consecuente subida de precios y la falta de materiales para fabricar productos, hay otro factor que se suma a la crisis de suministros: el déficit en el transporte marítimo, que representa más de la mitad del transporte que se hace en todo el mundo.

La causa principal es la pandemia de covid-19, que ha actuado como un efecto dominó. Primero obligó a cerrar los principales puertos de mercancías del mundo, lo que retrasó la entrega de materiales a las fábricas. Después, estas fábricas estuvieron paradas durante los meses de confinamiento y restricciones, por lo que la producción también se detuvo y los grandes buques de mercancías no tenían nada para transportar.

Al mismo tiempo, la pandemia afectó a las plantillas de trabajadores: a las personas que trabajan en el puerto cargando contenedores de los almacenes a los buques, pero también a las tripulaciones de las embarcaciones, que pasan semanas en alta mar para transportar mercancías de una punta a otra del mundo.

Por último, a raíz del parón por la pandemia, muchas empresas quebraron y eso complicó todavía más la situación, porque faltaban compañías de servicios que pudieran transportar los productos. Algunas empresas han optado por contratar a trabajadores de países en desarrollo, donde la mano de obra es más barata, para ahorrar costes en plena crisis. Pero en estos países el ritmo de vacunación es más lento, así que su incorporación también se retrasa.

El transporte de mercancías y materias primas se ha convertido así en un cuello de botella y todavía pueden pasar varios meses hasta que se recupere el ritmo habitual.

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