16 junio 2024
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16 junio 2024

La ‘ómicron sigilosa’ amenaza China

La nueva subvariante de ómicron está provocando miles de contagios diarios y pone en duda las estrictas medidas del gobierno chino

La variante ómicron se expandió con fuerza por Europa y América a finales del año pasado. Se trata de una variante del coronavirus con una gran capacidad de transmisión, aunque en la mayoría de casos produce síntomas menos graves que la variante original de SARS-CoV-2.

Ahora, ómicron ha llegado ya hasta Asia y ha mutado en una subvariante: ómicron BA.2, apodada como ‘ómicron sigilosa’ porque tiene una mutación que la hace indetectable a través de las pruebas PCR.

Igual que la ómicron BA.1, la BA.2 se contagia con mucha facilidad pero la mayoría de casos son asintomáticos o leves. De este modo, aunque hay muchos más contagiados que con el coronavirus original que apareció a principios de 2020, también hay muchas menos hospitalizaciones.

El problema es que, en los países superpoblados, los efectos de una nueva oleada de contagios son mucho mayores aunque haya menos casos graves. Es el caso de China, donde viven más de 1.400 millones de personas: aunque la proporción de casos graves sea baja, siguen siendo muchos y pueden desbordar la capacidad del sistema sanitario.

China está sufriendo actualmente el peor brote de contagios en dos años de pandemia. Este lunes, las autoridades chinas anunciaron más de 1.300 contagios en un día en varias ciudades del continente. 

Estas cifras son muy bajas comparadas con las de Hong Kong, región administrativa especial bajo control de China, donde la semana pasada se superaron los 30.000 contagios en un día. Sin embargo, son las peores cifras registradas en la China continental desde que estalló la pandemia.

Por ese motivo, China ha adoptado medidas extraordinarias y ha recuperado el confinamiento de ciudades y regiones enteras, como es el caso de la provincia de Jilin, con más de 24 millones de personas.

Desde el inicio de la pandemia en la ciudad de Wuhan, el gobierno chino ha establecido leyes muy estrictas para intentar frenar los contagios, con confinamientos y cuarentenas obligatorias para cualquier persona que haya estado en contacto con un positivo. También se ha limitado el número de personas en reuniones y el uso de mascarilla es obligatorio en todos los espacios. Gracias a estas medidas, China consiguió ser el único país del mundo cuya economía creció a pesar de la pandemia.

Consecuencias sobre la economía global

Shenzhen es una ciudad en el sur de China, muy cerca de Hong Kong. También es uno de los polos tecnológicos más importantes del país: allí se crearon empresas tan importantes como el fabricante de smartphones Huawei o Tencent, desarrolladora de servicios de internet e inteligencia artificial.

La ciudad de Shenzhen es una de las más afectadas por el actual brote de ómicron, hasta el punto de que las autoridades chinas han impuesto un confinamiento a sus 12,5 millones de habitantes: no pueden salir de la ciudad, se han cortado los accesos por carretera y se ha suspendido el servicio de transporte público.

Durante la cuarentena, la gente no puede salir de casa para ir a trabajar, por lo que comercios y fábricas están cerrados. Estas restricciones afectan la producción y comercialización de componentes electrónicos que se utilizan en otros productos como ordenadores, electrodomésticos o incluso coches. 

Además, China es uno de los principales fabricantes de componentes electrónicos y exporta estos productos a empresas de todo el mundo. Como consecuencia, el confinamiento y las restricciones del gobierno chino podrían afectar también la economía de otros países.

 

Dos años de pandemia

Han pasado ya dos años desde que la Organización Mundial de la Salud catalogó oficialmente el coronavirus como una pandemia de alcance global. 

En aquel momento, gobiernos de todo el mundo impusieron el confinamiento de la población, la actividad económica quedó paralizada (tiendas, negocios, restaurantes) y se canceló toda movilidad que no fuera esencial. Los países cerraron sus fronteras por primera vez en mucho tiempo.

Las vacunas contra la covid supusieron un punto de inflexión en la pandemia: aunque no frenaron los contagios, sí que han logrado reducir la gravedad de los síntomas, lo que se traduce en una presión hospitalaria menor y en más recursos sanitarios para atender otras enfermedades graves.

Aun así, cabe recordar que no todo el mundo ha tenido el mismo acceso a las vacunas: más del 63% de la población mundial ha recibido al menos una dosis, pero esta cifra se reduce al 14% en los países pobres, según datos de Our World in Data. La población en las regiones en desarrollo y los países con bajos ingresos ha sido la más afectada por esta desigualdad.

En los últimos dos años se han cancelado grandes eventos culturales, deportivos y empresariales. Hemos aprendido a convivir con la mascarilla y a adaptar nuestra vida social a las restricciones de cada momento. El pasaporte covid se ha convertido en un pasaporte universal para movernos por el mundo.

En ese sentido, debemos ser conscientes de que lo más probable es que sigan apareciendo nuevas variantes de coronavirus y que tendremos que aprender a adaptarnos para que influyan lo menos posible en nuestro día a día. 

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