25 septiembre 2022
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Las Naciones Unidas alertan sobre la seguridad nuclear en Ucrania

Los combates han afectado las instalaciones de Zaporiyia, la central nuclear más importante del país, y podrían provocar un grave accidente

La central nuclear de Zaporiyia, la más importante de Ucrania, ha quedado afectada por los combates de la guerra en Ucrania. Así lo asegura un grupo de expertos de las Naciones Unidas, que exigen tanto al ejército ruso como al ucraniano el cese de los ataques cerca de estas instalaciones para evitar un accidente nuclear que tendría consecuencias catastróficas. 

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), organismo de las Naciones Unidas que vela por un uso pacífico de la energía atómica, envió la semana pasada una misión de reconocimiento a Zaporiyia para evaluar los efectos de la guerra. 

El informe de la OIEA considera que la situación es “insostenible” y que es necesario desmilitarizar la central nuclear, es decir, establecer una zona de seguridad para que no haya ninguna actividad militar cerca que pueda provocar daños en las instalaciones. 

Los gobiernos de Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de los ataques y de poner en peligro la seguridad de la planta nuclear. A día de hoy, la ciudad de Zaporiyia está ocupada por el ejército ruso, pero los trabajadores de la planta nuclear siguen siendo ucranianos.

En los últimos días, los ataques habían afectado al suministro eléctrico de la central, que se había quedado sin electricidad. El lunes, los empleados tuvieron que desactivar el último reactor que todavía estaba en funcionamiento debido a un incendio provocado por los bombardeos.

La energía nuclear es una de las más potentes y no genera emisiones de carbono, pero tiene una gran desventaja: la contaminación nuclear. Una posible fuga o accidente nuclear tendría consecuencias muy graves para el entorno natural y para la salud de las personas y de todos los seres vivos en la zona.

Energía nuclear con fines pacíficos

El OIEA es un organismo de las Naciones Unidas destinado a promover el uso de la energía nuclear con fines pacíficos y en condiciones de seguridad. Esta organización empezó a crearse en 1953, como respuesta a la devastación que causaron las bombas atómicas lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Los países miembros del OIEA defienden el uso de la energía atómica para generar electricidad o desarrollar tratamientos médicos como la radioterapia, una terapia que se utiliza contra el cáncer. La tecnología nuclear también sirve para estudiar otros materiales a nivel atómico y encontrar nuevas soluciones contra la contaminación, por ejemplo.

No obstante, el mayor temor de la energía atómica es que se utilice para fabricar armamento nuclear: un tipo de armas que tienen un gran poder de destrucción y que, además, contaminan el medio ambiente y tienen efectos perjudiciales sobre la salud de las personas durante generaciones.

Para evitar un conflicto nuclear, en 1970 entró en vigor el Tratado de No Proliferación (TNP), que restringe la posesión de armas nucleares y promueve el desarme nuclear. No obstante, el TNP contempla a cinco países que sí pueden tener armas nucleares, porque ya las tenían antes de que el texto fuera redactado: Estados unidos, Reino Unido, Rusia, Francia y China.

Esta excepción ha hecho que otros países cuestionen la validez del TNP y desarrollen su propio arsenal nuclear, como India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Por eso, cada vez más gobiernos e instituciones abogan por la firma del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares para garantizar un mundo más seguro.

Más de seis meses de guerra

La guerra en Ucrania continúa más de seis meses después de que Rusia iniciara los ataques. Los combates se centran ahora en el este, donde el ejército ruso intenta hacerse con la región del Donbass, y en el sur del país, para controlar los principales puertos ucranianos y el transporte de mercancías por el Mar Negro.

Al mismo tiempo, la Unión Europea, Estados Unidos y otros países de la comunidad internacional siguen manteniendo las sanciones económicas contra empresas y organismos rusos. El objetivo es disuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de continuar con los ataques.

La Unión Europea (UE) también ha suspendido el acuerdo de visados con Rusia, establecido en 2007. Este acuerdo facilitaba la entrada de ciudadanos rusos a la zona Schengen, formada por los países miembros de la UE y otros países europeos como el Reino Unido. Ahora, conseguir estos visados será un proceso más caro y tardará más tiempo (hasta 45 días).

Por otro lado, continúa la guerra del gas entre Rusia, el mayor proveedor en Europa, y los países europeos, que no quieren seguir comprando gas ruso pero lo necesitan para hacer frente a sus necesidades energéticas. Sobre todo ahora que se acerca el invierno.

Así, Rusia ha anunciado que cierra de forma indefinida el gasoducto Nord Stream, que lleva el gas de Rusia hasta Alemania y es uno de los principales canales de distribución energética en toda Europa. Por primera vez, Rusia ha admitido públicamente que los cortes en el suministro de gas son una respuesta a las sanciones económicas

Hasta ahora, las autoridades rusas siempre argumentaban que había problemas técnicos o algún error en el sistema. Sin embargo, este cambio en el discurso implica una escalada de tensión y parece indicar que el conflicto está lejos de resolverse.

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