22 febrero 2024
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22 febrero 2024

Matanza de civiles en Bucha

El gobierno ucraniano denuncia un genocidio y la comunidad internacional pide que se investigue a Rusia por crímenes de guerra

Seis semanas después del inicio de la guerra en Ucrania, siguen llegando noticias sobre los efectos devastadores del conflicto. Las tropas rusas han bombardeado puentes, carreteras y centrales energéticas, pero también edificios de viviendas, hospitales y escuelas. Un total de 1.417 civiles han muerto, según el último recuento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

A finales de marzo, Rusia anunció que la primera parte de su “operación militar especial” había terminado y que a partir de ahora se centraría en el Donbass, una región en el este de Ucrania donde la mayoría de la población es de origen ruso. El objetivo final del presidente ruso, Vladímir Putin, es anexionar esta región dentro de Rusia.

La retirada de las tropas rusas del centro y el norte de Ucrania ha permitido liberar algunas ciudades que habían sido ocupadas durante la invasión. Es el caso de Bucha, un municipio de cerca de 30.000 personas a las afueras de Kyiv, que ha sido recuperado por el ejército ucraniano este fin de semana. 

Al llegar allí, los soldados encontraron decenas de cuerpos de personas asesinadas en medio de la calle o en los patios traseros de las casas. Algunos de los cadáveres tenían los pies y manos atados, lo que parece indicar que fueron ejecutados. 

Las autoridades locales de Bucha aseguran que los soldados rusos mataron a más de 400 personas, incluyendo familias enteras, ancianos y niños. Durante la ocupación, los vecinos intentaban recuperar los cuerpos a escondidas de las tropas rusas, que patrullaban las calles, para enterrarlos en fosas comunes.

La comunidad internacional y las organizaciones humanitarias han calificado los hechos como “crímenes de guerra”. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, considera que la matanza de civiles de Bucha representa un genocidio que debe ser investigado por la Corte Penal Internacional de la Haya. 

El gobierno ucraniano teme que en los próximos días se revelen nuevos casos como la masacre de Bucha. Hasta ahora, se han documentado 1.200 crímenes de guerras.

Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia niega las acusaciones y asegura que son informaciones falsas divulgadas por el gobierno de Ucrania. Sin embargo, periodistas y medios de comunicación de todo el mundo que se han trasladado hasta Bucha corroboran los hechos.

¿Qué son los crímenes de guerra?

Los crímenes de guerra son infracciones graves del derecho internacional humanitario que tienen lugar durante una guerra. Estas normas fueron creadas tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el peor conflicto de la historia, y tienen como objetivo proteger a la población civil de los ataques y la violencia en medio de un conflicto armado. 

El asesinato o maltrato de civiles o prisioneros de guerra, la toma y ejecución de rehenes, la destrucción injustificada de poblaciones, el expolio o el genocidio son algunos ejemplos de estos crímenes.

Los crímenes de guerra no prescriben y son juzgados por la Corte Penal Internacional (CPI), un tribunal de justicia internacional situado en La Haya (Países Bajos). La CPI juzga a las personas acusadas de cometer crímenes de guerra y otras violaciones graves de derechos humanos, como el expresidente serbio Slobodan Milosevic por su responsabilidad en la Guerra de los Balcanes.

El funcionamiento de este tribunal está regulado por el Tratado de Roma, que fue aprobado en 1998 en las Naciones Unidas. Sin embargo, algunos países votaron en contra de su creación, como Estados Unidos, Israel, Qatar o China.

Ni Rusia ni Ucrania han ratificado tampoco el Tratado de Roma, por lo que la CPI no tiene autoridad para sentar a Vladímir Putin en el banquillo de los acusados y juzgarlo por crímenes de guerra. No obstante, tras la masacre de Bucha, el gobierno ucraniano podría solicitar a la corte internacional que investigue los crímenes cometidos por las tropas rusas en su territorio.

El límite entre la imagen y la información

Las imágenes de los cuerpos en las calles de Bucha han dado la vuelta al mundo y han aparecido en todo tipo de medios de comunicación: televisiones, diarios y revistas digitales, redes sociales…

La guerra de Ucrania se ha convertido en un conflicto mediático, retransmitido en directo día a día por periodistas que narran los efectos de las bombas y los disparos, pero también las consecuencias para la población de Ucrania. Son imágenes de una gran dureza, que muestran en primera persona la violencia, el dolor y la tragedia de la guerra.

Y también plantean un dilema: ¿Hay que mostrar imágenes tan duras y cruentas para explicar lo que sucede? Para algunos periodistas, las fotos y vídeos de cadáveres pueden herir la sensibilidad de algunos espectadores, pero también consiguen remover conciencias.

Al mismo tiempo, el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías ha permitido que cualquier persona que tenga un móvil con cámara pueda informar. Esta revolución comunicativa se convierte en un arma de doble filo: puede dar alas a la desinformación y las fake news, pero también es un altavoz para los más vulnerables.

En este caso, las imágenes de Bucha también sirven como testimonio de unos crímenes que el gobierno de Rusia insiste en negar.

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