12 agosto 2022
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Ola de calor en la Antártida

Los científicos registran aumentos de temperaturas de hasta 40ºC en los polos del planeta, lo que provoca una grave pérdida de hielo

El cambio climático sigue aumentando la temperatura global y derritiendo los polos del planeta, un fenómeno que tiene consecuencias muy graves para la naturaleza, las especies de plantas y animales, pero también para la población humana.

En los últimos días de marzo, se han registrado dos olas de calor excepcionales: en el Polo Norte las temperaturas han subido hasta 30ºC, mientras que en la Antártida (el Polo Sur) se han producido subidas de 40ºC

Así, el termómetro de la Estación Concordia, una base de investigación en el este de la Antártida, marcó 11,8 grados bajo cero: una temperatura muy alta teniendo en cuenta que las temperaturas habituales en esta época del año están entre los 40 y 50 grados bajo cero. 

Esta subida tan grande de temperatura se debe a un río atmosférico, un fenómeno climatológico que transporta vapor de agua procedente de los océanos y concentra la humedad en la atmósfera en grandes cantidades. Esta humedad atrapa las corrientes de aire caliente y las retiene sobre la superficie de hielo. Las consecuencias son evidentes: el hielo se derrite y se desprenden grandes cantidades de hielo del continente. 

En la actualidad, la capa de hielo en la Antártida tiene la menor superficie registrada desde que empezaron a hacerse mediciones por satélite en 1979. Según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), la superficie de hielo antártico ha alcanzado un mínimo histórico de menos de 2 millones de kilómetros cuadrados.

Ahora, los científicos se preguntan si esta ola de calor en la Antártida ha sido el resultado improbable de varios fenómenos juntos (corrientes de aire caliente, vapor, humedad, actividad solar) o bien si es el inicio de una nueva tendencia climática, que agravaría aún más la amenaza del cambio climático.

El cambio climático no es cíclico

La ola de calor en la Antártida ha creado alarma entre la comunidad científica y las organizaciones ecologistas, que reclaman una acción climática urgente a los gobiernos para reducir las emisiones y limitar los efectos del calentamiento global.

Sin embargo, también han surgido voces más escépticas que consideran que “el clima es cíclico”, que estas variaciones son habituales y que no todos los fenómenos climatológicos extremos pueden atribuirse al cambio climático. Son los llamados “negacionistas”: personas que niegan la existencia del cambio climático y sus efectos.

No obstante, los estudios científicos muestran desde hace años con datos empíricos que el calentamiento global tiene un origen antropogénico y que el aumento de temperaturas está causado por la actividad humana. Así lo indica el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), creado por las Naciones Unidas para evaluar el impacto sobre los ecosistemas, la biodiversidad y las comunidades

A pesar de los cambios estacionales, la tendencia es evidente: la temperatura global no ha dejado de subir en los últimos 200 años, tal como indican los registros recopilados por la Universidad de East Anglia (Reino Unido). Del mismo modo, el IPCC señala que la temperatura del planeta ha aumentado más de 1ºC en el último siglo.

Uno de los argumentos más utilizados por los negacionistas son las olas de frío: si la temperatura global aumenta, ¿cómo puede haber episodios de frío extremo? La clave está en el desajuste climático provocado por el cambio climático: si las temperaturas aumentan más de lo que es habitual, pueden repercutir en otros fenómenos meteorológicos (corrientes de aire, humedad, lluvias) y hacer que sean mucho más intensos y frecuentes.

Vivir en la criosfera

La criosfera son las regiones del planeta Tierra donde las temperaturas son tan bajas que el agua se encuentra en estado sólido, ya sea nieve o hielo. La palabra procede del término griego kryos, que significa “hielo”.

El Polo Norte y la Antártida conforman la mayor parte de la criosfera, pero también forman parte de ella los glaciares, las regiones nevadas o territorios como Groenlandia, cuya superficie está cubierta de hielo. La criosfera se expande durante los meses de invierno y disminuye en verano, pero la masa de hielo que se pierde cada vez es mayor.

Las personas, plantas y animales que viven en estas zonas son más vulnerables al cambio climático, ya que el aumento de temperatura provoca la desaparición de su hábitat natural y hace más difícil que encuentren recursos para alimentarse y subsistir.

Así como la Antártida o Polo Sur es un continente cubierto de hielo, el Polo Norte es una masa de hielo inmensa formada por el Océano Ártico congelado. Así, el deshielo del Polo Norte afecta a los ecosistemas del Ártico, pero también a los sistemas climáticos de todo el planeta.

Los datos recopilados en la criosfera se comparan con otros datos climatológicos y sirven para establecer modelos y patrones, para entender cómo evoluciona el cambio climático y qué efectos podemos esperar. En ese sentido, los científicos creen que hay una relación directa entre el deshielo de los polos y la probabilidad de sufrir episodios meteorológicos extremos.


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