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¿Quiénes fueron las sufragistas?

A mediados del siglo XIX, diversos colectivos de mujeres del Reino Unido y de los Estados Unidos empezaron a organizarse para exigir el derecho al voto y reclamar cambios legales

Las líderes de las sufragistas británicas Flora Drummond, Christabel Pankhurst, Annie Kenney, Emmeline Pankhurst y Charlotte Despard.
Las líderes de las sufragistas británicas Flora Drummond, Christabel Pankhurst, Annie Kenney, Emmeline Pankhurst y Charlotte Despard. (Wikimedia Commons)

A mediados del siglo XIX, las mujeres no tenían derechos legales ni políticos. La ley las sometía totalmente a la autoridad del padre o del marido, lo que anulaba su capacidad de decisión. En el ámbito familiar, no podían tener la tutela legal de sus propios hijos. En el ámbito laboral, su sueldo era legalmente inferior al de un hombre por hacer el mismo trabajo. Finalmente, en el ámbito político, no tenían derecho al voto ni acceso a las instituciones, de modo que sus opiniones directamente no existían para el Estado.

Las sufragistas fueron el colectivo de mujeres que dijeron basta y se organizaron a escala internacional para cambiar esta realidad. Su objetivo principal era conseguir el sufragio femenino, es decir, el derecho al voto para las mujeres, convencidas de que la clave para cambiar todas las leyes injustas que las ataban de pies y manos empezaba por poder elegir a los gobernantes que las representasen.

¿Cómo nació el movimiento sufragista?

El origen de este movimiento se organiza a mediados del siglo XIX, principalmente en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Muchas mujeres protestaban y presentaban quejas contra leyes discriminatorias, hasta que algunas empezaron a darse cuenta de que hacerlo a nivel individual no servía para conseguir cambios legales.

Así surgió la idea de crear una red de organizaciones fuerte y coordinada a escala internacional, como la que se consolidó a finales de siglo, hacia 1890 y 1900, con la creación de grandes asociaciones nacionales. Su lucha iba más allá de depositar una papeleta en una urna de manera periódica; el objetivo real era conseguir la igualdad jurídica, civil y social con los hombres. El derecho al voto era la herramienta política para obtener otros derechos fundamentales que tenían prohibidos.

Las sufragistas luchaban por el acceso a la educación universitaria, la libertad de ejercer profesiones como la judicatura o la medicina, y la capacidad legal de administrar sus propias propiedades y finanzas. El movimiento buscaba que las mujeres pasaran a ser ciudadanas de pleno derecho ante la ley.

¿Cómo llevaron a cabo su lucha?

Para hacerse escuchar, las sufragistas tuvieron que desplegar una gran variedad de métodos de movilización. Al principio, optaron por vías pacíficas como conferencias, recogidas masivas de firmas, publicación de periódicos propios y manifestaciones en las calles. Sin embargo, estas acciones no fueron bien recibidas por la sociedad de la época. Las activistas tenían que soportar insultos diarios por la calle, agresiones físicas y campañas de burla constantes en la prensa, que las retrataba como locas o como mujeres que abandonaban a sus familias.

Ante la pasividad de los gobiernos, una parte del movimiento, especialmente en el Reino Unido a principios del siglo XX, decidió radicalizar las protestas. Empezaron a encadenarse a las vallas de los edificios oficiales, a sabotear líneas telefónicas y a romper escaparates, acciones que terminaron con centenares de mujeres en la cárcel.

¿Quiénes fueron las líderes que hicieron historia?

En los Estados Unidos, pioneras como Elizabeth Cady Stanton sentaron las bases ideológicas del movimiento al redactar los primeros manifiestos oficiales, donde defendían que la igualdad entre géneros era un derecho natural de nacimiento.

Por otro lado, en el Reino Unido se vivió la vertiente más combativa. Emmeline Pankhurst fundó el movimiento de las suffragettes, la rama que apostaba por la acción directa en lugar de la diplomacia. Dentro de este grupo, Emily Davison se convirtió en un símbolo trágico del sufragismo británico en el año 1913, al morir a causa de las heridas sufridas tras ser atropellada por el caballo del rey Jorge V durante una protesta en el hipódromo de Epsom.

Toda esta presión permanente, combinada con campañas internacionales, empezó a dar sus frutos institucionales a finales del siglo XIX. El primer gran éxito global tuvo lugar en Nueva Zelanda, que en el año 1893 se convirtió en el primer país del mundo en aprobar el sufragio femenino universal, un hito histórico impulsado por la activista Kate Sheppard.

¿Cómo se consiguió el voto femenino en España?

En el Estado español, el derecho al voto de las mujeres se consiguió gracias a la diputada Clara Campoamor. En el año 1931, con la llegada de la Segunda República, se vivió una paradoja, ya que las mujeres podían ser elegidas como diputadas en el Parlamento, pero no tenían derecho a votar en las elecciones.

Campoamor, que era abogada y diputada, defendió en las Cortes que, si las mujeres pagaban los mismos impuestos y se les aplicaban las mismas leyes, debían tener exactamente los mismos derechos políticos. Tuvo que rebatir argumentos claramente machistas de científicos y políticos de la época que aseguraban que el género femenino era demasiado emocional e inestable para votar como es debido.

Finalmente, su discurso histórico cambió los pronósticos y el voto femenino se aprobó el 1 de octubre de 1931, de modo que más de seis millones de españolas pudieron votar por primera vez en 1933.

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