31 enero 2023
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Un Mundial que lo es todo para Argentina

La victoria en el Mundial de Fútbol lleva alegría y esperanza a millones de argentinos que sufren los efectos de una grave crisis económica

Argentina ganó ante Francia la final del Mundial de Fútbol de Qatar y consiguió el tercer título de su historia. Fue un partido de infarto: Argentina empezó ganando 2-0 y parecía que tenía la victoria asegurada, pero Francia supo remontar y el enfrentamiento acabó con empate 3-3 en la prórroga. El título se decidió en la tanda de penaltis.

Los periodistas deportivos consideran que fue una de las mejores finales de la historia por la emoción del encuentro, que no se resolvió hasta el último segundo, pero también porque se enfrentaban dos de las mejores selecciones del momento. Francia era la vigente campeona (ganó el Mundial de Rusia 2018), mientras que Argentina es uno de los equipos que siempre aparece en las quinielas, además de tener al mejor jugador del mundo: Leo Messi

La victoria de la selección albiceleste tiene una gran importancia a nivel deportivo, porque Argentina llevaba 36 años sin ganar un Mundial, desde México 1986. Sin embargo, este título también tiene una gran trascendencia a nivel social.

Argentina hace años que atraviesa una grave crisis económica. El gobierno argentino arrastra un gran déficit público desde hace décadas, mientras que la inflación de los precios afecta directamente a la población, cada vez más empobrecida. 

En ese sentido, en un país donde el fútbol se considera casi una religión, la Copa del Mundo es el máximo logro al que aspirar. Y por ese motivo, aunque no tenga una repercusión directa en la economía y su calidad de vida, la victoria del Mundial supone una inmensa alegría para la moral de millones de argentinos.

Una crisis económica que dura décadas

Argentina vivió en 2001 la llamada “crisis del corralito”, una grave crisis económica cuyas consecuencias afectan a la sociedad argentina todavía hoy. En aquel momento, el gobierno argentino tenía dificultades para sostener la economía y, para resolverlo, decidió prohibir la retirada de dinero en efectivo en bancos y cajeros (así tendría dinero para sus propias finanzas).

No obstante, en aquella época no era tan habitual el uso de tarjetas de crédito y débito, por lo que muchas personas se quedaron sin dinero para sus propios gastos: muchos negocios cerraron y miles de trabajadores se quedaron sin empleo. La crisis afectó sobre todo a las clases más pobres, que no podían cubrir sus necesidades más básicas, y eso generó altercados y protestas contra el gobierno.

Al principio, para intentar solucionar esta crisis, el gobierno emitió deuda pública: una forma de financiación en la que un estado emite bonos o acciones para conseguir dinero con el que financiar sus políticas, y que luego se compromete a devolver con intereses. 

El problema es que el gobierno argentino no podía devolver el dinero y entró en situación de impago en varias ocasiones. Esto hizo que Argentina se considerara un país de riesgo a nivel financiero y, a la hora de pedir préstamos de bancos e instituciones internacionales, debía pagar unos intereses muy altos.

Por otro lado, en los últimos años diferentes gobiernos han aprobado numerosas prestaciones sociales para ayudar a la población a pagar los servicios básicos, como la electricidad. Además, el gobierno también subvenciona la educación pública, el sistema de salud o el transporte público, que se financian con presupuestos públicos.

Todos estos factores combinados impiden que la economía Argentina llegue a recuperarse. A día de hoy, la inflación alcanza el 70%, una de las más altas del mundo:  los precios están muy por encima de los salarios reales de la clase trabajadora y esto afecta a su calidad de vida y a sus expectativas de futuro.

Una sociedad polarizada

La crisis económica en Argentina se arrastra desde hace décadas y ha provocado un gran malestar social. Este descontento también se traslada al ámbito político y muchos argentinos culpan a sus representantes de la mala gestión del país. 

Así, la población argentina se divide en dos bandos: los partidarios del kirchnerismo, un movimiento político de izquierdas liderado por el matrimonio Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que gobernó entre 2003 y 2015; y sus detractores, votantes de derechas, que apoyan al expresidente Mauricio Macri, que gobernó entre 2015 y 2019.

Los votantes de derechas consideran que el gobierno kirchnerista fue el responsable de la crisis económica actual, al promover ayudas sociales con fines populistas para conseguir votos. En cambio, los votantes de Kirchner consideran que Macri solo gobierna para las élites y clases poderosas.

En 2019, el kirchnerismo recuperó el poder. Cristina Fernández de Kirchner es la actual vicepresidenta del gobierno, pero las críticas contra su legado continúan. De hecho, se enfrenta a numerosas causas judiciales que la acusan de corrupción.

Hace pocos días, un tribunal de Buenos Aires la ha condenado a seis años de cárcel por irregularidades en contratos públicos y a una pena de inhabilitación para ejercer en política. La vicepresidenta asegura que se trata de un complot entre sectores de la derecha conservadora y el poder judicial.

Esta división social y política suele provocar altercados en las calles, en manifestaciones o durante las elecciones. La crispación llegó a su máximo en agosto, cuando Cristina Fernández de Kirchner fue víctima de un intento de asesinato.

Nasr-Azadani: un futbolista condenado a muerte

Amir Nasr-Azdani es un futbolista de 26 años que juega en la primera división de Irán y que ha sido condenado a muerte por su participación en las protestas de los últimos meses contra el gobierno de este país. Nasr-Azdani ha sido condenado por un delito de “enemistad con Dios” por dar apoyo a las protestas que piden el fin del régimen de los ayatolás, líderes religiosos que controlan la política y las normas sociales en Irán según las interpretaciones que hacen del Corán, el libro sagrado de la religión musulmana. Los manifestantes, en cambio, reclaman un sistema más justo y democrático. La Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPRO) ha pedido a las autoridades iraníes que suspendan la condena. Otros futbolistas como Radamel Falcao o Marc Bartra, además de artistas como Shakira, también han denunciado la situación en redes sociales. En ese sentido, algunos usuarios reclamaron a los jugadores de Argentina y Francia una muestra de apoyo a Nasr-Azdani durante la final del Mundial, e incluso llamaron al boicot de la competición. Pero al final el partido se jugó sin incidentes ni referencias a la situación en Irán.

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