4 diciembre 2022
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Veranos de calor extremo

Las olas de calor serán cada vez más intensas y prolongadas en todo el mundo debido a los efectos del calentamiento global

Apenas ha empezado el verano en el hemisferio norte, pero las olas de calor hace días que han disparado los termómetros hasta temperaturas extremas, por encima de los 30ºC e incluso hasta los 40ºC en varios países de Europa y Norteamérica. 

La OMS define las olas de calor como “un período inusualmente caliente y seco, o húmedo, que se inicia y termina de forma repentina, y que dura al menos tres días”. Esta variación extrema del clima es uno de los efectos más visibles del calentamiento global, un fenómeno natural que se ha descontrolado por culpa de la actividad humana

Así, la contaminación, la emisión de gases contaminantes, la deforestación o los incendios forestales han acabado transformando el clima global, que ahora es más caluroso e imprevisible. Por otro lado, la destrucción de espacios naturales hace que el planeta tenga menos recursos para combatir las altas temperaturas. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la frecuencia, duración y magnitud de las olas de calor ha aumentado en los últimos años. Entre 2000 y 2016, el número de personas expuestas a olas de calor aumentó 125 millones: eso significa que el calor extremo ha llegado a zonas del planeta donde antes no hacía tanto calor, como Argentina, Brasil, Chile, Perú y otros países de Sudamérica. 

En Europa, las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas. La OMS ya alertó en mayo a los países europeos de que debían tomar medidas para proteger a la población. Aunque no son tan destructivas como otros fenómenos naturales (como los huracanes o las inundaciones), las olas de calor también pueden ser mortales: la ola de calor de 2003 en Europa causó la muerte de 70.000 personas, por ejemplo.

Restricciones en el consumo de agua

Las altas temperaturas tienen efectos sobre la salud, pero también pueden condicionar nuestra forma de vida y el consumo de agua que realizamos en el día a día: ya sea para ducharse, cocinar o regar las plantas. La situación se agrava todavía más cuando, al calor, se une la falta de precipitaciones.

Es el caso de Chile, que está viviendo una de las peores sequías de su historia. Las altas temperaturas y la escasez de lluvias desde hace más de diez años han afectado los recursos hídricos y han obligado a modificar los hábitos de consumo de agua de millones de personas.

En el área metropolitana de Santiago, la capital del país, las autoridades han establecido un sistema de racionamiento de agua que adapta el consumo según el nivel de alerta de sequía: el suministro se corta de forma alterna en diferentes partes de la ciudad cada cuatro, seis o doce días.

Un poco más al norte, en la región de Valparaíso, la situación es más extrema. Uno de los ejemplos más evidentes de la sequía prolongada es el Lago Peñuelas, un embalse artificial que ahora está a menos del 1% de su capacidad, prácticamente seco. Miles de esqueletos de peces se acumulan en lo que antes había estado cubierto de agua.

En el pasado, el Lago Peñuelas había sido uno de los principales embalses que abastecía de agua a toda la región. En la actualidad, miles de familias dependen del servicio de entrega de agua en camiones cisterna para satisfacer sus necesidades básicas.

La falta de agua también afecta a los agricultores, que deben renunciar a una parte de sus cultivos porque no tienen suficiente agua para el riego, y tiene repercusiones en la economía.

Sequía en Italia

Al otro lado del planeta, en Italia, la sequía ha dejado una imagen curiosa: la disminución del caudal del río Po ha dejado al descubierto un barco y un tanque de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) que se hundieron durante el conflicto.

Más allá de la anécdota, la situación hídrica es preocupante. El Po es el río más largo de Italia y uno de los más grandes en el oeste de Europa: que la disminución de agua sea tan visible en un río tan grande significa que la sequía es grave y podría afectar a millones de personas en el norte de Italia.

En algunas zonas, las restricciones han obligado a cerrar las fuentes de agua en calles y parques, mientras que decenas de pueblecitos dependen del abastecimiento en camiones cisterna.

Por otro lado, el valle del Po es una de las zonas agrícolas más importantes: allí se producen cerca del 40% de los alimentos fabricados en Italia, como el queso parmesano, el trigo, los tomates o las uvas para hacer vino. La disminución del agua para regadío también afectaría a la producción alimentaria.

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