19 abril 2024
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19 abril 2024

Vuelven los ‘teléfonos tontos’

La adicción a los ‘smartphones’ y la sensación de perder demasiado tiempo con el móvil lleva a mucha gente a recuperar los teléfonos sin conexión

En nuestro planeta hay 7.900 millones de personas y más de 6.500 millones de ‘smartphones’ (teléfonos móviles con conexión a internet), según datos de Statista. China, la India y Estados Unidos, los tres países más poblados del mundo, son los estados donde hay más usuarios de teléfonos con conexión.

Los smartphones o teléfonos inteligentes permiten navegar por internet como lo haríamos con un ordenador. Esta característica los convierte en un dispositivo multiuso: lo utilizamos para chatear, leer las noticias, ver series, comprar por internet, jugar videojuegos online, mirar las redes sociales… 

Cada día pasamos horas ante la pantalla de nuestro smartphone y, por ese motivo, cada vez más personas están recuperando los teléfonos móviles originales, que no tienen conexión a internet: solo permiten llamar y enviar mensajes de texto (SMS).

Son los llamados ‘dumbphones’ o teléfonos tontos. Su nombre se ha creado en contraposición a los smartphones, que tienen un software complejo, con acceso a internet de banda ancha y utilidades multimedia para escuchar música, grabar vídeos, hacer fotos o editar textos. Un dumbphone no tiene nada de eso.

La compra de teléfonos móviles sin conexión pasó de 400 millones en 2019 a mil millones de dispositivos en 2020, según un informe de Counterpoint, una consultora que analiza las tendencias globales en el sector de la tecnología y las comunicaciones. 

Esta tendencia contrasta con la venta de smartphones: aunque se venden muchos más dispositivos con conexión a internet (más de 1.500 millones en todo el mundo el último año), las estadísticas muestran que la venta de smartphones se ha congelado.

Para hacerlos más competitivos, los fabricantes de dumbphones están incluyendo algunas funciones básicas de los ‘smartphones’ como el reproductor de música, el WhatsApp o el GPS. De esta forma, incorporan las ventajas de internet pero evitan la dependencia de los usuarios a las aplicaciones y redes sociales.

Adicción y dependencia de los móviles 

El cambio en el uso de teléfonos móviles tiene que ver con la saturación o la ansiedad que provoca estar permanentemente conectados. Tenemos el móvil siempre a mano: en clase, en el trabajo, esperando el autobús… en cualquier momento libre, sin darnos cuenta, aprovechamos para leer el WhatsApp, revisar el correo o entrar en nuestras redes sociales para ver qué han publicado nuestras amistades.

El teléfono móvil también se ha convertido en una herramienta de trabajo muy importante: podemos responder correos, descargar informes y editar documentos desde el móvil. Pero esto también ha provocado que nuestra vida laboral acabe invadiendo nuestro espacio personal. 

A diferencia de la adicción a los videojuegos, reconocida como un trastorno por la Organización Mundial de la Salud, la adicción a los móviles no se considera una enfermedad. No obstante, el abuso del teléfono móvil es cada vez más habitual, sobre todo entre la población más joven.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reconoce en un estudio que 1 de cada 3 adolescentes españoles realiza un uso problemático de internet, la mayoría a través de su teléfono móvil. Por otro lado, numerosos estudios evidencian que el abuso del móvil puede perjudicar a las relaciones sociales y nuestra capacidad para relacionarnos.

Los expertos han creado nuevos conceptos para describir estas conductas. La nomofobia define el miedo irracional a estar desconectado, mientras que los jóvenes de 20 a 40 años reciben el nombre de “generación muda” por su dificultad para tener una conversación telefónica, pues prefieren comunicarse por WhatsApp u otras aplicaciones de mensajes.

Del teléfono al ‘smartphone’

La historia del teléfono se remonta a mitad del siglo XIX: el italiano Antonio Meucci inventó en 1854 un aparato que podía transmitir señales acústicas a distancia por medio de ondas eléctricas. Sin embargo, Meucci no tenía dinero para patentar el invento y Alexander Graham Bell fue considerado su inventor durante más de un siglo.

Estos primeros teléfonos funcionaban a través de líneas de cable kilométricas. Los primeros teléfonos móviles, que transmitían el sonido a través de ondas de radio, no se inventaron hasta un siglo más tarde.

El primer teléfono móvil de la historia fue creado en 1973 y pesaba más de dos kilos. Su inventor, Martin Cooper, trabajaba como ingeniero para Motorola, una de las empresas pioneras de la telefonía móvil. La compañía invirtió más de un millón de dólares en desarrollar el prototipo, que costaba más de 4.000 dólares en aquella época. 

A medida que la tecnología avanzó, el tamaño y peso de los teléfonos móviles se fue reduciendo. El desarrollo de los procesadores (la parte central de un ordenador, que interpreta las instrucciones de un programa informático y permite activar las funciones) también impulsó la evolución de los celulares.

En 1996 apareció el primer smartphone de la historia: el Nokia 9000 Communicator, que incorporaba el software de los ordenadores y podía conectarse a internet. Más de una década después, a partir de 2010, el uso de móviles con conexión a internet empezó a popularizarse entre la población. Ahora, hay quien prefiere volver a la esencia del teléfono y utilizarlo solo para llamar y poco más. 

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