12 agosto 2022
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Cuidar el cerebro para cuidar de nuestra vida

El cerebro está formado por millones de neuronas que transmiten información y es un órgano clave para el funcionamiento de nuestro cuerpo

El 22 de julio es el Día Mundial del Cerebro. La Federación Mundial de Neurología (WFN, siglas en inglés) instauró esta fecha con el objetivo de concienciar a la población sobre la importancia de cuidar de nuestra salud cerebral, básica para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. 

Cuando levantamos un brazo, cuando lloramos o cuando pensamos qué camino será más corto, nuestro cerebro experimenta una mezcla de procesos químicos y eléctricos que hacen posibles nuestras acciones. Los sentidos captan los estímulos externos, los hacen llegar al cerebro a través de los nervios y, una vez allí, entran en juego las neuronas.

En el cerebro hay unos 80.000 millones de neuronas que trabajan en red para hacernos funcionar. Si juntáramos todas esas conexiones y las pusiéramos en línea, daríamos la vuelta a la Tierra cuatro veces, según explica la WFN.

Los nervios sensitivos envían impulsos eléctricos a las neuronas y, a través del axón, un hilo que sale de cada neurona, se generan los neurotransmisores encargados de llevar la información a la siguiente célula. Este proceso se llama sinapsis y se repite hasta que nuestro brazo se levanta, o lloramos, o decidimos coger la ruta más corta para llegar a casa.

Por lo tanto, el cerebro es uno de los órganos más importantes y cuidar de él es esencial para nuestro bienestar, tanto a nivel físico como mental y emocional. Tener acceso a una educación y a una sanidad de calidad son factores indispensables para una buena salud cerebral, así como invertir en investigación médica para combatir las enfermedades que afectan al cerebro.

Historia de la neurología

La neurología es la rama de la medicina que estudia el cerebro, su funcionamiento y las enfermedades que lo afectan. A lo largo de la historia, el ser humano ha investigado el cerebro para intentar descubrir sus secretos.

La primera civilización conocida, la sumeria, vivió hacia el año 3.500 a.C. en la región de Mesopotamia, en el Próximo Oriente. Los sumerios ya investigaban el cerebro y sus enfermedades, e incluso identificaron la paraplejia (pérdida de la capacidad para mover las piernas a causa de una lesión cerebral).

Durante las ceremonias de embalsamamiento del Antiguo Egipto, a partir del año 3.000 a.C., los egipcios extraían el cerebro y lo guardaban para el más allá. Esto les permitió observar cómo era y escribir los primeros estudios. Los antiguos egipcios también identificaron que algunas funciones corporales se veían afectadas cuando alguien sufría un accidente cerebral. 

El conocimiento sobre el cerebro se fue perfeccionando en la antigua Grecia y la antigua Roma, pero la Edad Media (siglos V-XV) supuso un freno para la neurología. En esta época, la religión se impuso al conocimiento científico como una manera de mantener el poder entre las clases más altas.

Con la llegada del Renacimiento y el fin de la oscuridad medieval, la neurología avanzó como nunca antes y entró en las primeras universidades. En el siglo XVI, se convirtió en una disciplina médica, con una técnica específica para analizar el cerebro y estudiar sus enfermedades.

Hoy en día, la neurología es una rama muy importante de la medicina y ha experimentado grandes avances gracias a la innovación en las nuevas tecnologías.

El cerebro también cae enfermo

En la actualidad hay diagnosticadas cerca de 600 enfermedades neurológicas, que alteran el funcionamiento del cerebro y, por lo tanto, muchas funciones de nuestro cuerpo. Estas se pueden dividir en tres grandes tipos: las cerebrovasculares, las degenerativas y las provocadas por una lesión. 

Las enfermedades cerebrovasculares se producen cuando la sangre deja de llegar al cerebro, ya sea porque un coágulo de sangre bloquea la circulación o porque una vena se ha roto, como pasa con los ictus. En estos casos, las neuronas ya no reciben oxígeno, no pueden transmitir la información y se van muriendo. Las personas afectadas pueden perder la capacidad de hablar, tener movilidad reducida o incluso morir.

Las enfermedades neurológicas provocadas por lesiones pueden afectar muchas funciones vitales, como hablar o andar. Cuando una persona tiene un accidente y se rompe la médula (el tejido nervioso que hay dentro de la columna vertebral y traslada órdenes al cerebro), los nervios quedan desconectados y no responden a las órdenes que reciben.

En cambio, los trastornos neurodegenerativos van degradando la salud del cerebro poco a poco. El Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) son las principales enfermedades de este tipo, y se caracterizan porque aceleran la muerte de las neuronas. Además, estas enfermedades afectan el proceso de regeneración de las células, de modo que el cerebro no es capaz de crear nuevas neuronas y se van perdiendo facultades, como la memoria o la capacidad para moverse.

Algunas enfermedades neurológicas tienen un origen genético, como la enfermedad de Huntington, que provoca la degeneración de las células cerebrales. Por otro lado, también hay un gran debate sobre los trastornos de salud mental y hasta qué punto tienen una causa neurológica o biológica o bien están influenciadas por el entorno; en cualquier caso, las causas pueden ser múltiples.

La mayoría de estas enfermedades no tienen cura, pero sí que se pueden prevenir si cuidamos de nuestra salud y, también, de la de nuestro cerebro. Es importante seguir una dieta equilibrada y hacer ejercicio, tanto físico como mental. También es clave tener gente cerca que nos cuide y ser socialmente activos.

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