“Gaudí es único, pero también lo han sabido vender muy bien, a veces en detrimento de otros”
Entrevista a Beli Artigas Coll, historiadora del arte y divulgadora de la obra y la figura de Antoni Gaudí
¿Sabías que Gaudí vino de Reus a Barcelona para estudiar? ¿O que no era un estudiante especialmente brillante? ¿Por qué crees que fue un genio y que su obra sigue inspirando a arquitectos y atrayendo a millones de turistas cada año?
En el marco del especial informativo sobre Gaudí, en Junior Report hablamos de la figura y la obra de Gaudí con Beli Artigas Coll, historiadora del arte, divulgadora y gran conocedora del arquitecto.
¿Gaudí era un genio?
¡Sí!
¿Por qué?
Porque es único. Antes de él no hay nada parecido; después de él, sí. Eso es lo que define a un genio.
Se le conoce como el genio universal.
Tenía muy claro lo que hacía y también tenía una base, una educación. Primero hay que formarse y, una vez formado, ser valiente y creer en uno mismo. Gaudí lo hacía. A veces le salía bien y, a veces, mal.
No conozco a Gaudí ni su obra. ¿Qué visito primero?
Primero lee algo sobre él y después busca aquellas obras menos conocidas: la Torre Bellesguard, las Caballerizas Güell, el Park Güell, que es pura ingeniería… En varios lugares de Catalunya se puede visitar alguna obra de Gaudí.
En tu caso, ¿por qué te cautivó tanto Gaudí?
Estudié Historia del Arte y, el último año de carrera, empecé a hacer prácticas en el grupo de investigación de Mireia Freixa, catedrática de Historia del Arte y experta en Gaudí. Era el año 2002, el Año Internacional Gaudí —150 aniversario de su nacimiento—.
Ese año trabajé en algunos encargos que me fueron haciendo y, sobre todo, conocí a una persona muy importante: el doctor Bassegoda, gran conocedor de Gaudí y uno de los fundadores de la Cátedra Gaudí.
¿Cómo se investiga sobre Gaudí?
Me gusta empezar desde cero, eso es muy importante, y no creerme todo lo que me dicen.
¿Y qué has descubierto sobre él?
Se le vende como una persona solitaria, casi viviendo en la miseria, extremadamente religiosa, que vivió solo para la Sagrada Familia… y cuando lo estudias desde el principio te das cuenta de que, como todo, tiene una evolución.
¿Quién era Gaudí?
Nació en Reus, en una familia de caldereros que no era modesta. Su hermano mayor, Francesc, estudiaba medicina en Barcelona y él también se trasladó allí para cursar el bachillerato. Eran una familia muy unida, con unos padres muy pendientes de sus hijos.
¿Con quién vive Gaudí en Barcelona?
Me gusta hablar de la “Reus connection”: la gente se ayudaba, igual que ahora. En 1870, cuando llega a Barcelona, no puede pagarse una habitación como estudiante y se va a vivir con su hermano. Trabaja como delineante, participa en tertulias con amigos, va al Liceu… Las crónicas lo describen como alguien muy elegante. Además, se relacionaba con jóvenes intelectuales de la época, como Guimerà o Verdaguer. Fueron una generación muy importante que se retroalimentaba: uno sabía de literatura, otro de arquitectura, otro de historia…
¿Gaudí era un estudiante brillante?
No sacaba notas espectaculares, pero tenía muy claro hacia dónde iba. El estudio le interesaba, pero no le interesaba lo que le explicaban en aquel momento.
¿Qué supone la mirada de Gaudí?
Era rompedor. Llegaba a los lugares donde tenía que construir, estudiaba la historia y preguntaba cuáles eran las necesidades: unía el pasado con las necesidades del presente. En la Torre Bellesguard, por ejemplo, vincula el pasado residencial de Martín el Humano —rey de la Corona de Aragón— con la voluntad de la familia de construir allí un chalet. Eso demuestra que era un genio.
¿Para qué le sirve la naturaleza a Gaudí?
Para dos cosas: estructuralmente, para construir, y simbólicamente, para decorar; y una cosa no tiene que ver con la otra. Por ejemplo, en La Pedrera, la Casa Milà, las bases parecen árboles, pero después encontramos la naturaleza en muchos otros edificios, como en la Sagrada Familia, que no tienen que ver con la estructura.
Explicas que de Gaudí se ha construido un relato turístico. ¿Qué significa eso?
Es la historia que se nos quiere vender: que se encerró en la Sagrada Familia, cuando solo vivió allí cinco meses. Él vivía solo en el Park Güell, tenía 60 años… ¿cómo debía de ser llegar a casa en pleno invierno? Para ahorrarse el trayecto, un día se quedó a dormir en la Sagrada Familia; el segundo, también… pero no sabemos si, en junio, si no lo hubiera atropellado un tranvía, habría vuelto a dormir a su casa.
¿Por qué nos fascina tanto Gaudí?
Porque es un genio. Gaudí no es modernista, es ‘gaudinista’, es único. Por ejemplo, en la Casa Amatller encuentras una influencia; en la Casa Batlló no encuentras ninguna: es Gaudí. Pero, además de ser único, también lo han vendido muy bien, a veces en detrimento de otros.
¿Qué quiere decir eso?
Que él no trabajó solo. No podemos separarlo de su entorno. Tenía un taller de arquitectura con gente trabajando para él. Una de las personas que se está eliminando para dar más poder a Gaudí es Francesc Berenguer, muy importante para entender a Gaudí.
¿Quién era Berenguer?
Era un estudiante de Reus, más joven que Gaudí, que vino a Barcelona para estudiar la carrera. Gaudí, que era muy listo, ve que es un gran dibujante, con muchas ideas, y lo incorpora a trabajar en su despacho. Pero Berenguer no puede acabar la carrera: empieza muy joven a tener hijos y muere antes que Gaudí. Gran parte de Gaudí se le debe a Berenguer; por ejemplo, él fue quien dibujó la fachada del Palau Güell siguiendo las indicaciones de Gaudí. Quizás haya alguna aportación personal de Berenguer en ese diseño.
La importancia de trabajar el relato…
Yo me creo la historia hasta la muerte de Gaudí. A partir del año de su muerte, el relato se come al propio relato. Turísticamente, interesa.
La Sagrada Familia y el Park Güell atrajeron hasta 10 millones de turistas en 2024.
Debemos reivindicar que Gaudí está muy bien, pero, ya que vendrán a visitarlo, que conozcan más cosas. Pueden ir a la Casa Batlló, pero al lado está la Casa Amatller, que es preciosa. La historia no se explica con una sola persona.
