12 agosto 2022
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Las guerras de Oriente Medio

Los conflictos en Siria, Yemen y Afganistán han provocado millones de desplazados y una grave crisis humanitaria en la región

La guerra en Ucrania ha ocupado los titulares desde que Rusia inició la invasión Ucrania a finales de febrero. En poco más de dos meses, más de cuatro millones de refugiados ucranianos han huido del país y hay más de seis millones de desplazados internos. 

Sin embargo, más allá de Ucrania, existen otros conflictos armados en el mundo que provocan miles de muertes y el desplazamiento masivo de personas, además de poner en jaque el futuro de millones de niños y niñas. Algunos de estos conflictos están activos desde hace años, sin que los bandos enfrentados dejen las armas.

En este segundo artículo de la serie sobre conflictos globales, repasamos las principales guerras que castigan Oriente Medio y qué consecuencias tienen sobre la población. 

Siria: más de 10 años de conflicto

El conflicto en Siria empezó en 2011 con la Primavera Árabe, una serie de revoluciones democráticas que surgieron en diferentes países musulmanes. En aquel momento, Siria vivía en un régimen dictatorial liderado por Bashar Al-Assad, que ordenó reprimir las protestas que demandaban más democracia y oportunidades económicas y sociales.

Las fuerzas de seguridad sirias arrestaron y asesinaron a centenares de personas. La fuerte represión hizo que la oposición política y social se fuera radicalizando, dando lugar a una multitud de grupos rebeldes que luchaban contra el régimen, pero también entre ellos para hacerse con el poder.

De entre estos grupos rebeldes surgió el llamado Estado Islámico o Daesh, un grupo terrorista que defiende una visión radical de la ‘sharía’ o ley islámica. El Estado Islámico ha llevado a cabo numerosos atentados en todo el mundo para intentar imponer sus ideas y su sistema político: el califato.

De esta forma, el conflicto en Siria pasó de ser un enfrentamiento entre el régimen de Al-Assad y los rebeldes, a involucrar a otros grupos armados y gobiernos extranjeros que defendían sus propios intereses en la región. Por un lado, el miedo a que Estado Islámico se hiciera con el control de Siria hizo que Estados Unidos, Francia y Reino Unido intervinieran en el conflicto. Por el otro, Rusia e Irán, aliados internacionales de Al-Assad, también pasaron a participar en la guerra para apoyar al régimen.

Tras más de una década de guerra, Al-Assad ha logrado dominar gran parte del país y los combates han disminuido en intensidad. Sin embargo, todavía hay resistencia en muchas partes de Siria, y los observadores internacionales creen que el conflicto no está cerca de terminar.

La peor consecuencia de la guerra es la grave crisis humanitaria que afecta el país: hay más de 5 millones de sirios refugiados y más de 6 millones de desplazados internos. Según datos de la ONU, cerca de 250.000 personas han muerto y un millón han sido heridas desde el inicio de la guerra. 

A esto hay que sumarle la situación económica de Siria, donde el 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, según un informe de Save the Children. Las cifras más recientes señalan que 6,2 millones de niños y niñas sirios no disponen de alimentos.

Guerra civil en Yemen

Yemen es uno de los países más pobres del mundo y, desde 2015, está inmerso en una guerra civil que ha provocado la peor crisis humanitaria del planeta: millones de yemeníes no tienen alimentos ni materias primas para subsistir.

El inicio del conflicto se remonta a la Primavera Árabe de 2011: las protestas populares forzaron la salida del presidente del país, Ali Abdalá Saleh, que llevaba más de 30 años en el poder. Saleh fue sustituido por su vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, que fue nombrado presidente en un referéndum en 2012

Sin embargo, Yemen seguía dividido. Una parte de la población consideraba que Hadi no representaba un cambio real y más democrático, sino que continuaría con el régimen dictatorial de Saleh. Por otro lado, el nuevo presidente también se encontró con la oposición del movimiento hutí, un grupo rebelde del sur del país que siempre ha estado enfrentado al gobierno yemení y reclama la independencia.

Ambos bandos cuentan con el apoyo de diferentes países de la comunidad internacional. Estados Unidos, Arabia Saudita y otros países árabes apoyan a Hadi, mientras que los hutíes cuentan con el apoyo de Irán

En este caso, también se trata de un enfrentamiento religioso entre las dos grandes ramas del islam: los sunitas que controlan el gobierno saudí y los chiitas que son mayoritarios en Irán. Los hutíes practican una rama de la religión chiita y, como tales, se oponen a la influencia de Arabia Saudí sobre el Yemen. 

En 2015, una coalición de países árabes liderados por Arabia Saudí, y apoyados por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, lanzaron ataques aéreos contra Yemen para dar apoyo al régimen de Hadi y acabar con los hutíes. Sin embargo, más allá de la lucha por el poder, los bombardeos causaron miles de muertes entre la población civil.

Desde entonces, Yemen lleva sumido en una guerra civil sin fin. Las Naciones Unidas calculan que cerca de 400.000 personas han muerto durante el conflicto: 150.000 personas en medio de los ataques, y más de 200.000 han muerto por culpa de la escasez de alimentos, agua potable y la falta de asistencia médica.

Las organizaciones humanitarias denuncian también el bloqueo de Arabia Saudita, que impide la llegada de ayuda humanitaria al país. Según Naciones Unidas, más de 17,4 millones de yemeníes padecen inseguridad alimentaria y el 80% de la población está bajo el umbral de la pobreza. Asimismo, la guerra está obligando a millones de personas a huir de sus hogares: más de 4 millones de personas han sido desplazadas dentro de Yemen. 

Afganistán y la llegada de los talibanes

El origen del actual conflicto en Afganistán se remonta a 2001, cuando Estados Unidos decidió invadir el país después de los atentados del 11-S. El objetivo era derrocar el régimen de los talibanes y desmantelar la red de Al-Qaeda, el grupo terrorista que había cometido los atentados. 

La ocupación de Afganistán duró 20 años, pero la inestabilidad política, la corrupción y los constantes ataques terroristas impidieron establecer un gobierno sólido y democrático. Así, los talibanes siguieron controlando buena parte de Afganistán. 

En verano de 2021, los Estados Unidos completaron la retirada de tropas del país, pero el conflicto no terminó. Los talibanes tomaron el poder e impusieron un nuevo régimen basado en una visión muy estricta de la ‘sharía’ o ley islámica: han reprimido derechos y libertades, han prohibido cualquier influencia occidental y han perseguido cualquier tipo de oposición.


A raíz de la violencia y la inseguridad, más de medio millón de personas se desplazaron dentro de Afganistán en 2021 y se superaron los 2 millones de refugiados en los países vecinos de Irán y Pakistán, según datos de ACNUR. 

Por otro lado, la destrucción de los combates y la represión de los talibanes han derivado en una grave crisis humanitaria: casi 23 millones de afganos que sufren hambre aguda, de los cuales 8,7 millones están en situación de emergencia, según datos de las Naciones Unidas. La organización alerta de que millones de niños y niñas no van a la escuela.


Organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional piden que se investiguen los crímenes contra la población civil cometidos en Afganistán durante y después de la ocupación. Los Estados Unidos están acusados de bombardear zonas civiles y matar a varios menores, mientras que los talibanes han torturado y matado a funcionarios del antiguo gobierno afgano, además de perseguir las minorías étnicas y religiosas.

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