¿Quién inventó la luz?
Te explicamos quién está detrás de uno de los inventos que más ha cambiado la vida de la humanidad y por qué todavía hoy se sigue discutiendo su autoría
Los primeros pasos de la bombilla
Durante miles de años, la única manera que tenía la humanidad de iluminar la noche era mediante el fuego, utilizando velas, antorchas o lámparas de aceite. La idea de crear luz con electricidad no llegó hasta el siglo XIX. El primer paso importante lo dio en 1802 el químico británico Humphry Davy.
Davy conectó dos cables de carbón a una batería muy potente y, al acercar las puntas, consiguió que saltara un pequeño destello de luz entre ellas. Este invento se llamó lámpara de arco, porque la luz formaba una especie de arco luminoso entre los dos cables. El problema era que esta luz era demasiado intensa y se apagaba enseguida, por lo que no servía para uso doméstico.
El reto de una luz duradera
Durante las décadas siguientes, varios científicos de todo el mundo, de Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia y Alemania, entre otros países, fueron probando diferentes maneras de conseguir una luz que durara más tiempo sin quemarse.
Uno de ellos fue el químico británico Joseph Wilson Swan, que en 1878 retomó la investigación con un filamento de carbono (un hilo muy fino que se calienta hasta producir luz dentro de un recipiente de vidrio). Pero todavía había un problema: si quedaba aire dentro del vidrio, el filamento acababa quemándose en pocos minutos.
Thomas Edison, el inventor más reconocido
Al año siguiente, en 1879, el inventor estadounidense Thomas Alva Edison empezó a trabajar sobre esta misma idea. Edison no fue el primero en crear una bombilla que iluminara, pero sí fue muy persistente a la hora de mejorarla. Durante muchos días probó miles de filamentos de diferentes tipos —vegetales, animales y minerales— buscando un material que pudiera mantenerse encendido durante mucho tiempo sin fundirse ni quemarse.
Finalmente, Edison consiguió un diseño que funcionaba y que podía venderse y utilizarse en casas y calles. En enero de 1880 registró la patente en Estados Unidos, el documento oficial que reconoce quién ha inventado algo y le concede el derecho de explotarlo.
Como Edison tenía mucho dinero y una gran empresa para fabricar y vender bombillas, su nombre quedó grabado en la memoria colectiva como «el inventor de la luz». Pero la realidad es que Edison perfeccionó y popularizó un invento en el que muchas otras personas ya habían trabajado antes.
De hecho, Swan había mostrado su propio diseño incluso antes que Edison, y ambos acabaron enfrentándose por los derechos del invento hasta que, para evitar más juicios, decidieron crear juntos una empresa llamada Edison & Swan United Electric Light Company.
Hoy en día, muchos historiadores consideran que la invención de la bombilla no es mérito de una sola persona, sino el resultado de un esfuerzo colectivo. Varias personas fueron añadiendo pequeñas mejoras, año tras año, hasta llegar a un invento práctico para todo el mundo.
¿Cómo funciona una bombilla?
En el interior del vidrio de una bombilla hay un filamento: un hilo muy fino fabricado con un material que soporta altas temperaturas sin fundirse. Cuando la bombilla se conecta a la corriente eléctrica, la electricidad pasa por el filamento y lo calienta tanto que empieza a emitir luz.
El gran reto era evitar que este filamento se quemara por completo. La solución fue extraer casi todo el aire del interior del vidrio, creando el vacío. De esta manera, el filamento solo se calentaba y producía luz sin quemarse.
¿Por qué la luz artificial cambió la forma de vida de la población?
Antes de la luz eléctrica, la vida de las personas se organizaba alrededor de la luz solar. Cuando oscurecía, la mayoría de trabajos se detenían, porque iluminarse con velas o lámparas de aceite era caro, producía humo y aumentaba el riesgo de incendios.
La llegada de la bombilla permitió iluminar una casa, una calle o una fábrica de forma segura, barata y permanente.
Esto tuvo consecuencias a todos los niveles: las fábricas pudieron alargar los turnos de trabajo más allá de la puesta de sol, las calles de las ciudades pudieron iluminarse por la noche haciéndolas más seguras, y en los hospitales los médicos pudieron operar con mucha más precisión.
¿Qué relación tiene la bombilla con las luces LED actuales?
Durante más de un siglo, la mayoría de bombillas siguieron el mismo principio básico: un filamento que se calienta hasta producir luz. El problema de este sistema es que consume mucha energía para generar calor, una energía que en realidad no aprovechamos para iluminarnos.
A partir de finales del siglo XX se fueron imponiendo nuevas tecnologías mucho más eficientes, como las luces fluorescentes primero y los LED (light-emitting diode, es decir, «diodo emisor de luz» en inglés) después.
Los LED generan luz de una manera totalmente diferente, sin necesidad de calentar ningún filamento, lo que hace que consuman mucha menos electricidad y duren muchos más años encendidos.
Hoy en día, la inmensa mayoría de bombillas que se venden en el mundo son LED, y las antiguas bombillas incandescentes, las que Swan y Edison perfeccionaron hace casi 150 años, casi han desaparecido de las tiendas. Aun así, el objetivo inicial de convertir electricidad en luz sigue siendo el mismo que continúa iluminando nuestras casas, calles y pantallas.
