31 enero 2023
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Asalto al poder en Brasil

Miles de partidarios del expresidente Bolsonaro se manifiestan contra el nuevo presidente, Lula da Silva, y asaltan la sede del gobierno brasileño

Brasil vivió una jornada de gran incertidumbre política el pasado 8 de enero, cuando miles de personas asaltaron la sede del gobierno en Brasilia, la capital del país, e intentaron llevar a cabo un golpe de Estado contra el nuevo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.

Lula ganó las elecciones en octubre de 2022 frente a Jair Bolsonaro, exmilitar que durante los últimos cuatro años ha gobernado en Brasil con unas políticas conservadoras y muy polémicas. Bolsonaro se ha hecho famoso por su negacionismo frente al cambio climático, la mala gestión de la pandemia o la proliferación de armas entre la población.

Aun así, el resultado electoral fue muy ajustado y representó la gran división social e ideológica que se vive en el país. Los bolsonaristas no aceptaron la victoria de Lula desde el principio, y el propio expresidente Bolsonaro no participó en la ceremonia de toma de posesión, que tuvo lugar en Brasilia el 1 de enero.


El domingo 8 de enero, los partidarios de Bolsonaro organizaron una manifestación de protesta en la capital brasileña. Muchos de ellos estaban acampados en Brasilia desde noviembre, cuando perdieron las elecciones, y pedían la destitución de Lula da Silva.

Al llegar a la zona donde se concentran los edificios institucionales, rompieron las barreras de seguridad y entraron a la fuerza en la sede de los tres poderes políticos: el Congreso (poder legislativo), el Palacio de Planalto (poder ejecutivo) y el Tribunal Supremo (poder judicial).

Los asaltantes destrozaron mobiliario, ventanas y documentación. La mayoría llevaba banderas de Brasil e iban vestidos con camisetas verdes y amarillas: se han apropiado de los símbolos nacionales porque consideran que representan a la mayoría de la población brasileña.

El despliegue policial era insuficiente y los agentes no pudieron hacer frente a la marea de manifestantes. De hecho, el propio presidente Lula ha criticado la permisividad y connivencia de las fuerzas de seguridad con los asaltantes. Los expertos políticos advierten de que Bolsonaro cuenta con un gran apoyo dentro de la policía y el ejército

Lula, que se encontraba de visita oficial en Sao Paulo durante el asalto, ordenó la intervención de las fuerzas militares para detener los actos vandálicos. De momento hay más de 1.200 detenidos, mientras que Bolsonaro ha negado cualquier implicación o responsabilidad en los hechos.

Dos años del asalto al Capitolio

El ataque a las instituciones brasileñas ha tenido lugar justo cuando se cumplen dos años del asalto al Capitolio de Washington. El 6 de enero de 2021, centenares de personas entraron por la fuerza en este edificio, que simboliza el poder legislativo en Estados Unidos.

El contexto político y social era muy similar al de Brasil: el presidente Donald Trump, del Partido Republicano, perdió las elecciones en noviembre de 2020 y se negó a reconocer la victoria de Joe Biden, candidato del Partido Demócrata. La campaña electoral mostró una gran polarización entre la sociedad estadounidense.

Trump aseguraba que se había producido un fraude electoral y, el 6 de enero, convocó a sus votantes y partidarios frente al Capitolio en un mitin titulado “Save America” [Salvemos Estados Unidos]. En aquel momento, el Congreso estaba celebrando una sesión para ratificar el recuento de votos y confirmar la victoria de Biden.

Los republicanos más radicales decidieron entrar en el Congreso por la fuerza para impedir la sesión legislativa. Se destruyeron numerosas instalaciones, los congresistas tuvieron que esconderse durante horas de los asaltantes y murieron cinco personas (dos agentes de seguridad y tres manifestantes).

La investigación judicial sobre los hechos se ha alargado casi dos años y todavía hoy sigue en marcha. Gracias a las grabaciones de seguridad y en redes sociales, cerca de mil personas han sido identificadas y arrestadas, y más de 500 han sido declaradas culpables. El comité también investiga la responsabilidad de Trump a la hora de instigar el asalto.

En la actualidad, la presencia de la ultraderecha sigue condicionando la política de Estados Unidos. Los miembros más conservadores del Partido Republicano han boicoteado durante días la votación de su propio candidato como presidente de la Cámara de Representantes, ya que consideran que no es lo suficientemente radical en sus políticas.

Brasilia, una ciudad surgida de la nada

Brasilia es la sede del gobierno brasileño, donde se encuentran los principales edificios institucionales. Sin embargo, su historia como capital del Brasil es muy reciente: esta ciudad no existía hace cien años y empezó a construirse en la década de 1950.

Históricamente, la capital de Brasil había sido Rio de Janeiro, en la costa del océano Atlántico. Esta metrópolis fue la sede del Imperio Portugués en sus colonias sudamericanas y, después de la independencia de Brasil en 1822, se mantuvo también como capital administrativa del nuevo país.

Sin embargo, los nuevos gobiernos brasileños querían trasladar la capital al interior por varios motivos: para atraer a la población hacia esa zona y dinamizar su economía, pero también para desvincularse del pasado colonial que representaban las ciudades de la costa, la mayoría de las cuales fueron fundadas por los portugueses.

Así fue como en 1956 empezaron las obras de construcción de una ciudad totalmente nueva en el estado de Goiás. El arquitecto Lúcio Costa diseñó los planos urbanos y su colega Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos vanguardistas más importantes del mundo, proyectó los principales edificios, como el Congreso, el Palacio Presidencial o la Catedral Metropolitana.

Brasilia fue diseñada como una ciudad moderna y futurista, la capital más joven del continente americano. El plano de la ciudad tiene la forma de un avión: a lo largo de sus alas se distribuyen los edificios ministeriales y los conjuntos de viviendas construidas para alojar a los funcionarios públicos, mientras que en la cabina se concentraban los edificios gubernamentales más importantes.

La nueva capital se construyó en un tiempo récord de cuatro años y fue inaugurada en 1960. Actualmente cuenta con más de tres millones de habitantes (más de cuatro si se cuenta el área metropolitana) y se enfrenta a graves problemas como la desigualdad social y pobreza, visible en los barrios de la periferia que han crecido al margen del sueño de sus creadores.

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